viernes, 29 de junio de 2012

AFECTO DE ODIO Y AMOR

Afectos de odio y amor
Pedro Calderón de la Barca
Personas que hablan en ella.
SIGISMUNDO.
CASIMIRO.
FEDERICO.
ROBERTO.
ARNESTO, viejo.
TURÍN.
AURISTELA.
CRISTERNA.
LESBIA.
FLORA, criada.
NISE, criada.
Soldados.
Jornada I
Salen AURISTELA y ARNESTO, viejo.
AURISTELA ¿Qué hace mi hermano?
ARNESTO Ya es
ociosa pregunta esa.
AURISTELA ¿Cómo?
ARNESTO Como ya se sabe
que está...
AURISTELA Di.
ARNESTO Desta manera.
(Corre una cortina, y véese CASIMIRO sentado, con un pañuelo en los ojos.)
AURISTELA Retírate y no hagas más ruido, 5
que pues que, sin que me sienta,
hasta aquí llegué, he de ver
destos canceles cubierta,
si por dicha o por desdicha
es posible que algo entienda 10
de sus tristezas, fïando
a sus solas sus tristezas
-fol. 94ralgún
cuidado a los ojos,
o algún descuido a la lengua.
ARNESTO Bien podrá ser, pero mucho 15
lo dudo, según en esta
galería, que del Tanais
sobre la orilla le asienta,
siempre encerrado, ni habla,
ni ve, ni escucha, ni alienta. 20
(Vase.)
AURISTELA Con todo eso he de deber
a mi amor esta experiencia,
y pues entre sí suspira,
quiero escuchar de más cerca.
CASIMIRO Quien tiene de qué quejarse, 25
¿qué mal hace, si se queja?
Porque el delito del llanto
quita el mérito a la pena.
Así yo, porque de mí
celos mi dolor no tenga, 30
aun al labio he de impedirle
que respirar me consienta,
por más que el volcán del pecho,
(Levántase y paséase.)
por más que del alma el Etna,
al aire de mis suspiros 35
fuego apague y nieve encienda.
Muera pues... Mas ¿quién aquí
está?
(Llega donde está.)
AURISTELA Yo soy.
CASIMIRO ¿Auristela?
¿Tú en acecho a mis locuras?
AURISTELA ¿Cuándo, Casimiro, atenta 40
a la pasión que te aflige,
al dolor que te atormenta,
pendiente no estoy de todas
tus acciones por si fuera
tal vez posible inferirlas, 45
para procurar ponerlas,
si no medios que las sanen,
alivios que las diviertan?
Y ya que hoy, más declarada
que otras veces, mi fineza 50
me ha descubierto el acaso
con que a esta parte te acercas,
no he de volverme sin que
mi fe y mi amor te merezcan
alguna breve noticia. 55
Y para que te convenzas
de mi ruego, o de mi llanto,
he de usar de una cautela,
que es ponerte en el paraje
de mi estado, porque tengas 60
andado el medio camino,
que no es poca diligencia
a quien perdido se halla
guiarle hasta dar con la senda.
Del tercero Casimiro 65
de Rusia quedaste, en tierna
edad, sucesor, gozando
conmigo en la primavera
de nuestros infantes años,
la más noble, más suprema 70
provincia del norte, pues
siempre ceñidas las bellas
sienes de laurel y oliva,
es en sus dos academias
el certamen de las almas, 75
y el batallón de las ciencias;
bien que, de tanto esplendor,
fue pensión la antigua guerra
de aquel heredado odio
que hay entre Rusia y Suevia, 80
a cuya causa, queriendo
Adolfo, su anciano César,
gozar la ocasión de verte
sin manejo ni experiencia
de militar disciplina, 85
intentó invadir tus tierras
en tu primer posesión,
cuyos estragos acuerdan
desmanteladas ciudades,
en polvo y ceniza envueltas. 90
En esa edad fue a los dos
ponernos en fuga fuerza,
porque el rencor no acabase
-fol. 94vcon
la sucesión excelsa
de los coronados duques 95
de Rusia; y así la cuerda
política de los jueces,
que gobernaban en nuestra
pupilar edad, dispuso
que yo, fiada a la inclemencia 100
del Tanais, pasase a Gocia1
a criarme en la tutela
de Gustavo, nuestro tío;
y tú, porque con su ausencia
la lealtad no peligrase, 105
sin que de vista te pierdas,
te retirases al duro
corazón de las soberbias
entrañas del Merque, cuyas
nunca penetradas breñas 110
fuesen tu sagrado puesto;
que muro que hizo defensa
contra las fuerzas del tiempo,
¿qué no hará contra otras fuerzas?
Dejemos en este estado, 115
yo entre estremos, tú entre peñas,
tu crianza y mi crianza;
dejemos también con ella
los asedios, los asaltos,
las desdichas, las miserias, 120
que tras sí arrastra ese horrible
monstruo, esa sañuda fiera,
que de solo vidas de hombres
y caballos se alimenta.
Y vamos a que entre tanto 125
terror, siendo en tu primera
cuna, tus gorjeos las cajas,
tus arrullos las trompetas,
creciste tan invencible
hijo de Marte, que apenas 130
pudiste, ocupando el fuste,
tomar el tiento a la rienda,
ni la noticia al estribo,
cuando calzada la espuela,
trenzado el arnés, el asta 135
blandida, empezaste, en muestra
de que eras rayo oprimido,
a herir con mayor violencia;
bien como el que apasionado
de tupida nube densa, 140
cuanto más temido tarda,
tanto más veloz revienta.
Cinco campales batallas
lo digan, díganlo, vueltas
a tu primero dominio, 145
diez ciudades; y si ellas
no bastan, dígalo yo,
que en fe de que tus fronteras
ya resguardadas estaban,
di a sus umbrales la vuelta, 150
no tanto atenta al cariño
de la patria, cuanto atenta
a no sé qué vanidad
de mi heredada nobleza;
pues muriendo nuestro tío, 155
no me pareció decencia
de mi decoro durar,
ni huéspeda, ni estranjera,
en poder de Sigismundo,
joven de tan altas prendas 160
como publica la fama,
llena de plumas y lenguas;
mayormente cuando el vulgo,
monstruo también, que de nuevas
se mantiene, dio en decir 165
que sería congruencia
de todos casar conmigo,
cuya voz me dio más priesa,
¡ha, tirano!, porque cuando
eso con mi gusto sea, 170
no se presuma de mí,
que fue mi casamentera
la ocasión, y así previne
qué medios y conveniencias
se traten desde tu casa, 175
porque si le admito, vean
que es porque me pide y no
-fol. 95rporque
en su poder me tenga.
Pero esto ahora no es del caso,
y así, cobrada la hebra 180
al hilo de tus vitorias,
a atar el discurso vuelva.
Desde aquella, pues, adusta
edad vencedor, hasta esta
joven edad, continuadas 185
las generosas empresas
de tu siempre invicto aliento,
llegaste a la más suprema
que pudo ofrecerte el culto
de esa vana deidad ciega; 190
que sean dichas u desdichas
lo que empieza a dar, aumenta.
Esta última vitoria
(de quien con tantas tristezas
vuelves, debiendo volver 195
con más generosas muestras
de vencedor que vencido)
lo publique, y pues en ella,
empeñado a solo un trance
todo el resto de ambas fuerzas, 200
en aplazada batalla
de poder a poder, llegas
a coronarte triunfante
con tan singular proeza,
como que Adolfo a tus manos 205
muerto en la campaña queda,
todas sus güestes vencidas,
todas sus armas deshechas,
¿qué pasión hay que te postre?
¿Qué dolor hay que te venza? 210
Y más cuando a Suevia ya
tan poca esperanza resta
para volver sobre sí;
pues tarde o nunca Cristerna,
de Adolfo heredera hija, 215
podrá...
CASIMIRO Suspende la lengua,
no la nombres, calla, calla;
no la acuerdes, cesa, cesa.
¿Pero qué digo? ¿Qué afecto
comunero de mi idea 220
me amotina el vasallaje
de sentidos y potencias,
obligándoles que rompan
con desmandada obediencia
la ley del silencio? ¡Oh, nunca 225
traidoramente halgüeña
hubieras, como dijiste,
puesto a un perdido en la senda!,
porque nunca hubiera yo,
complacida tu cautela, 230
declarádome al mirar
cuanto de mí me enajena,
cuanto tras sí me arrebata
solo el nombre de esa fiera.
¡Mas, ay!, que al de la justicia, 235
¿qué delincuente no tiembla?
Y ya, ¡ay infeliz!, y ya
que no es posible que pueda
retractar la voz, que tiene
no sé que cosas de piedra, 240
que disparada una vez
no hay como a cobrar se vuelva;
oye y válgate tu maña;
pero con tal advertencia
que lo que escuche el oído, 245
no lo ha de saber la lengua.
Después que en contadas marchas,
Adolfo y yo la ribera
ocupamos del Danubio,
frente haciendo de banderas, 250
él lo intrincado de un monte,
yo lo inculto de una selva;
atentos los dos a un mismo
principio de toda buena
disciplina militar, 255
estuvimos en suspensa
acción, procurando entrambos
saber por sus centinelas
los movimientos del otro,
en cuya quietud inquieta 260
-fol. 95vsolo
eran guerra galana
las escaramuzas diestras.
En esta, pues, pausa astuta,
porque hay precepto que enseña
que flemática ha de ser 265
la cólera de la guerra,
estábamos, cuando supe
de no sé qué espía secreta,
que Cristerna... Pero antes
que llegue a hablarte en Cristerna, 270
es bien que te la difina,
porque lo que diga della
no haga escándalo, sabiendo
en qué condición te asienta.
Es Cristerna tan altiva 275
que la sobra la belleza.
¡Mira si la sobra poco
para ser vana y soberbia!
Desde su primer infancia
no hubo en la inculta maleza 280
de los montes, en la vaga
región de los aires, fiera
ni ave que su piel redima,
ni que su pluma defienda,
sin registrar unas y otras 285
en el dental de sus puertas,
ya desplumadas las alas,
ya destroncadas las testas.
No solo, pues, de Diana
en la venatoria escuela 290
dicípula creció; pero,
aunque en la altivez severa
con que de Venus y Amor
el blando yugo desprecia.
No tiene príncipe el norte 295
que no la idolatre bella,
ni príncipe tiene que
sus esquiveces no sienta,
diciendo que ha de quitar
sin que a sujetarse venga, 300
del mundo el infame abuso,
de que las mujeres sean
acostumbradas vasallas
del hombre, y que ha de ponerlas
en el absoluto imperio 305
de las armas y las letras.
Con esta noticia agora
caerá mejor lo que aquella
espía me dijo, y fue
que habiendo movido levas 310
a un tiempo en todo su Estado,
venía a reclutar con ellas
las tropas de Adolfo, siendo
su capitana ella mesma.
Yo, viendo cuánto preciso 315
tan último esfuerzo era
ser numeroso, antes que
todo a incorporarse venga,
se prefiere la batalla,
dejando, por la desierta 320
campaña al frondoso abrigo,
en orden mi gente puesta.
Bien quisiera él no acetarla,
según tibio en la aspereza
del monte esperó a que yo 325
le embistiese dentro della.
Hícelo así, y de primero
abordo fue tal la fuerza
del ataque, que ganadas
las surtidas que había hechas 330
en el recinto de algunas
cortaduras y trincheras,
cuya movediza broza
era su entrada encubierta,
en desorden la vanguardia 335
se puso, y una vez esta
rota, ella misma tras sí
llevó las demás defensas.
Con que mezclada mi gente
ya con la suya, en la esfera 340
del cuerpo de la batalla,
adonde estaban las tiendas,
corte de Adolfo, me hallé
casi apoderado dellas,
-fol. 96rsi
el batallón de su guarda, 345
según las heroicas señas
de los grabados arneses,
plumas y bandas, no hiciera,
con desesperado empeño,
la última resistencia. 350
Disputábase el relance,
cuando vimos en la sierra,
de infantes y de caballos
coronarse la eminencia.
Reconoce su socorro 355
su gente, sin que la nuestra
por eso el tesón dejase
el alcance, de manera
que a un mismo tiempo unas tropas
con la oposición se alientan; 360
otras, con las auxiliares
armas que miran tan cerca,
se reparan, y otras, viendo
a cuán buena ocasión llegan,
aceleradas avanzan; 365
entre cuyas tres violencias
quiso, no sé si mi dicha
o mi desdicha, que hubiera
puesto los ojos en un
caballero, por las señas 370
que de particular daba,
coronada la cimera,
sobre un peñasco de acero,
de plumas blancas y negras.
Él, no sé si con el mesmo 375
deseo, mas con la mesma
acción, a mí se adelanta,
y echadas ambas viseras
cala el can, y calo el can,
y al torno de media vuelta, 380
con dos preguntas de fuego
habló el plomo en dos respuestas.
Fue más dichosa la mía,
pues repitió el eco della:
«¡ay de mí!», desamparando 385
borrén, fuste, estribo y rienda.
Parecerate que estás
oyendo alguna novela,
y más si dijese agora
que Adolfo, por las caderas 390
del caballo, vino a dar
casi a los pies de Cristerna,
que entonces llegaba; pues
no hermana te lo parezca,
porque tal vez hay verdades 395
que parece que se inventan.
Reconoce las divisas,
y sañudamente fiera,
por pasar a la venganza,
no se embaraza en la ofensa. 400
¡Oh, quién supiera pintarla!
Mas será impropriedad necia
detenerme ahora en decir
que (o porque no la afligiera
la sobrevista, o vencer 405
con la ventaja más cierta
de dejarse ver) traía
sobre las doradas trenzas
sola una media celada,
a la borgoñota puesta, 410
una hungarina, o casaca,
en dos mitades abierta,
de acero el pecho vestido
mostraban, de cuya tela
un tonelete, que no 415
pasaba de media pierna,
dejaba libre el vestido
de la bota y de la espuela.
Esta, pues, nueva Tomiris,
esta, pues, Floripes nueva, 420
desempeñara el acaso
de la pasada tragedia,
si al avance de su gente,
y opósito de la nuestra,
no se interpusiera obscura 425
la enmarañada tiniebla
de la noche, en cuyo espacio,
aprovechada la tregua,
-fol. 96vpareció
a sus generales,
que a Fusa, primera fuerza 430
defensible de su Estado,
se retirase, y con ella
el real cadáver de Adolfo,
en cuyas aras funestas
la jurasen reina, antes 435
que sin jurarla pudiera
el trance de una batalla
aventurar la obediencia;
mayormente en reino donde
tan poco ha que fue depuesta 440
la Salia ley, que dejaba
desheredadas las hembras.
Dejose vencer forzada,
de suerte que, cuando tierna
la aurora, en fe del estrago, 445
sobre la teñida yerba
salió llorando a otro día
granates, en vez de perlas,
hallé la campaña franca,
de mil despojos cubierta, 450
con que canté la vitoria;
mas con tan gran diferencia,
como cantarla llorando,
según vivamente impresa
en mi ofuscada memoria 455
quedó la imagen de aquella,
ni sé si Venus, ni Palas,
mas Palas y Venus era,
tomando de una la ira
y de otra la belleza. 460
Si me persuado a que puedo
olvidar, la acción es necia,
loca acción si me persuado
a que puedo merecerla;
de suerte que yo rendido 465
y ella ofendida, no queda
otro medio a mi esperanza
que morir de mi tristeza,
supuesto que en dos estremos,
de odio y amor, llanto y queja, 470
rencor y agrado, venganza
y piedad, dolor y ofensa,
siendo fuerza que yo adore
y fuerza que ella aborrezca,
no es tratable a mis desdichas, 475
ni olvidarla, ni quererla.
AURISTELA Aunque tan estraños son
los sucesos que me cuentas,
yo no he de rendirme a que
mis esperanzas no tengan, 480
por cuanto pudiera ser,
que esos afectos abrieran
el paso a una universal
paz hoy del norte.
CASIMIRO Aunque sea
forzado consuelo, basta 485
pensar que consuelo sea,
para que el alma le estime.
(Sale ROBERTO.)
ROBERTO Un soldado, por las señas
deste anillo, dice que
le des de hablarte licencia. 490
CASIMIRO Dile que entre. Este soldado
es el espía, Auristela,
de quien sé cuanto allá pasa.
ROBERTO No alabes la diligencia,
que tampoco falta aquí 495
quien dé allá de todo cuenta.
Tomad y llegad, soldado.
(Sale TURÍN, y vase ROBERTO.)
TURÍN Dame tus pies.
CASIMIRO Con bien vengas.
Llega a mis brazos.
TURÍN No creo.
CASIMIRO ¿Qué?
TURÍN Que merecen las nuevas 500
que traigo ese porte.
CASIMIRO ¿Pues
qué hay? ¿Qué dudas? ¿Qué recelas?2
Habla, que mi hermana puede
oír cuanto decir quieras.
TURÍN Yo lo agradezco, porque 505
también le toca a su alteza
-fol. 97rmucha
parte en mis noticias.
AURISTELA ¿A mí?
TURÍN Sí.
AURISTELA ¿Cómo?
TURÍN Oye atenta.
Después que a Fusa, señor,
retiró el campo Cristerna, 510
y que al cadáver de Adolfo
se hicieron reales exequias,
mezclando a un tiempo el Estado
dos acciones tan diversas,
como fúnebre y festivo, 515
allí la juró por reina.
Apenas miró en su frente
la corona, cuando puesta
en pie, la mano en la espada,
dijo en voz desta manera: 520
«Yo, Cristerna, a quien leal
admite y jura Suevia,
como a legítima hija
de Adolfo, acepto la herencia,
no tanto del reino, cuanto 525
del dolor de su tragedia;
y así hago pleito homenaje
sobre estas aras sangrientas,
de no darle sepultura
hasta que vengada vea 530
lavar su sangre con sangre
del agresor de su ofensa.
Y aunque nunca al matrimonio
di plática, porque vea
el mundo cuánto tras ti 535
esta esperanza me lleva,
mi mano le ofrezco al noble
que le mate o que le prenda,
y al no noble cuantos puestos,
mercedes y honras pretenda. 540
Y porque otras veces vieron
los teatros de la guerra
ser el delincuente mismo
el que se entregue a cautela
de ser él el perdonado, 545
para que esto no acontezca,
a Casimiro de Rusia,
duque, excepto porque sepa
que no le valdrá, cerrando
a lo ya visto la puerta.» 550
Hasta aquí, señor, contigo
mi noticia habló, y ahora entra
lo que a Auristela le toca,
y es que a este tiempo en la iglesia
de Sigismundo de Gocia, 555
entró en busca de Cristerna
un embajador, pidiendo
de paz paso por sus tierras,
que ya se ve que está en medio
de Gocia y Rusia, Suevia, 560
para venir en persona
a casar con Auristela,
y llevarla por su Estado,
a que respondió soberbia
que se fuese, que no había 565
de venir en conveniencia
ninguna de Rusia; y él
prosiguió, al verla resuelta,
que supiese que traía
orden, si el paso le niegan, 570
para intimar, que las armas
tomarían la licencia
que ella negase; con que
otra vez en arma puesta
queda Cristerna en campaña, 575
al ver que ya sus fronteras
va ocupando Sigismundo.
AURISTELA Famosa ocasión es esta
para acabar de una vez
los dos con toda Süevia, 580
divirtiendo por estotra
parte tú.
CASIMIRO Bien me aconsejas
a la razón de mi estado,
no a la razón de mi pena,
porque, ¿cómo puedo yo, 585
si de mi afecto te acuerdas,
añadir contra mi afecto
ceño a ceño, queja a queja,
-fol. 97vira
a ira, agravio a agravio,
daño a daño y fuerza a fuerza? 590
AURISTELA Viendo...
CASIMIRO ¿Qué?
AURISTELA ... que una pasión
no ha de abandonar la eterna
fama de un heroico pecho,
y más cuando el que se arriesga
es por honrarse consigo. 595
¿Pero cómo hablo yo en esta
persuasión? Tú eres quien eres,
y harás, como el serlo acuerdes,
siempre lo mejor.
(Aparte.)
El cielo
te guarde, que a mí, en mis quejas 600
me basta que Sigismundo
tan fino a buscarme venga.
(Vase.)
CASIMIRO En fin, Turín, ¿que la blanca
mano de esa hermosa fiera
es la talla de mi vida? 605
TURÍN Ahí verás lo que te precia;
pues es su reina y su mano
el premio de tu cabeza.
CASIMIRO Y en fin, ¿porque yo no valga
lo que yo valgo, me excepta 610
a mí de mí?
TURÍN Fue forzoso.
CASIMIRO ¿Cómo?
TURÍN Como si no hiciera
esto, en un instante estaba
acabada la comedia,
y yo me holgara por ver 615
una deste autor pequeña.
CASIMIRO Pues por Dios, que he [de] ver yo,
ya que ese paso me cierran,
si sé abrir otro a mis ansias.
Ven, Turín, conmigo. Ciega 620
imaginación de un loco,
si sales con lo que piensas,
prevén al grande teatro
del mundo, que cuando vea
la más rara, más estraña, 625
más caprichosa, más nueva
locura de amor, que pudo
ganar nombre de fineza,
no la censura, porque
si novedades no hubiera, 630
la admiración se quedara
inútil al mundo, fuera
de que no es gran novedad
que un desdichado pretenda
ganar una alma por armas, 635
ya que por armas la pierda.
(Cajas y trompetas, y salgan las mujeres que puedan, todas con plumas y
espadas, y detrás CRISTERNA, con bengala.)
CRISTERNA En tanto que enamorado,
Sigismundo, a romper llega
paso, que en mi estado niega
la misma razón de Estado, 640
por haber considerado
que no me puede estar bien
que Rusia y Gocia se den
la mano, y más penetrando
mis plazas, viendo y notando 645
de qué calidad estén.
Quiero empezar a mostrar
si tiene o no la mujer
ingenio para aprender,
juicio para gobernar 650
y valor para lidiar;
y así, porque no presuma
Suevia que ciencia tan suma
quien la publica la ignora,
me ha de ver tomando ahora 655
la espada, y ahora la pluma.
Veme pues, Lesbia, leyendo,
mientras no se acerquen más
las tropas, que estoy detrás
de aquella montaña viendo 660
esas leyes que pretendo
poner en mi monarquía;
que si de noche escribía
César lo que de día obraba,
yo, mientras el día no acaba, 665
aún no he de perder el día.
-fol. 98r-
(Toma LESBIA un libro.)
LESBIA (Lee.)
«Nuevas leyes que Cristerna,
reina de Süevia, manda
promulgar en sus Estados.»
CRISTERNA Di, por si hallo en qué enmendarlas. 670
LESBIA «Primeramente, aunque hoy
en Süevia no se guarda
la Salia ley, que dispuso
con las mujeres, tirana,
que las mujeres no hereden 675
reinos, aunque únicas
con todo eso, porque nunca
recurso en su Estado haya
de que en ningún tiempo pudo
ni admitirla, ni guardarla, 680
manda, no solo se borre
de sus libros y sus tablas,
pero que a voz de pregón
y a son de trompas y cajas,
se dé por traidor a toda 685
la naturaleza humana,
al primer legislador
que aborreció las entrañas
tanto en que anduvo, que quiso
del mayor honor privarlas.» 690
CRISTERNA Digno castigo a un ingrato
dar su doctrina por falsa;
que ser ingrato y ser justo,
son dos cosas muy contrarias.
Di, adelante.
LESBIA (Lee.)
«Y porque vean 695
los hombres que si se atrasan
las mujeres en valor
y ingenio, ellos son la causa,
pues ellos son quien las quita
de miedo libros y espadas, 700
dispone que la mujer
que se aplicare inclinada
al estudio de las letras,
o al manejo de las armas,
sea admitida a los puestos 705
públicos, siendo en su patria
capaces del honor que en guerra
y paz más al hombre ensalzan.»
CRISTERNA Si el mérito debe dar
los premios, y este se halla 710
en la mujer, ¿por qué el serlo
el mérito ha de quitarla?
¿No vio Roma en sus estrados,
no vio Grecia en sus campañas
mujeres alegar leyes, 715
mujeres vencer batallas?,
pues lidien y estudien, que
ser valientes y ser sabias
es acción del alma, y no es
hombre, ni mujer el alma. 720
LESBIA «Y en tanto que esta experiencia
en su favor se declara,
manda también que se borren
duelos que notan de infamia
al marido que sin culpa 725
desdichado es por desgracia.»
CRISTERNA Esta es la más justa ley
que previno mi alabanza.
Hombre, si por ser inútil
la mujer, no la fías nada, 730
¿cómo todo se lo fías,
puesto que el amor la encargas?
¿Bueno es que quieras que no
tenga ingenio o valor para
darte honra por sí, y por sí 735
los tenga para quitarla,
o pueda darla, o no pueda
perderla? Di.
LESBIA «Ítem declara,
porque no en todo parezca
que a la mujer adelanta, 740
que la que desigualmente
se casare enamorada,
en desdoro de su sangre,
lustre, honor, crédito y fama,
sea comprehendida en pena 745
capital, sin que la valga
de amor la necia disculpa.»
-fol. 98v-
CRISTERNA En bronce esta ley estampa;
que han de saber que el amor
no es disculpa para nada; 750
porque, ¿este amor es más
que una ciega ilusión vana,
que vence, porque yo quiero
que venza? Di... Pero aguarda
(Ruido dentro.)
¿Qué caballero es aquel 755
que de una albanesa alfana
a nuestra vista se apea?
LESBIA Como huéspeda en mi patria
ha tan pocos días que vivo
de tu piedad amparada, 760
a nadie conozco en ella;
mas él, pues que ya se aparta
de la bien lucida tropa,
que de convoy le acompaña,
dirá quién es.
(Sale FEDERICO.)
FEDERICO Sí merece, 765
no digo besar tus plantas,
mas de la tierra que pisan
la menos impresa estampa,
un nuevo soldado tuyo.
Permítele que en las varias 770
flores que tu pie guarnece[n],
a cuenta de las que aja,
poner los labios merezca.
CRISTERNA Del suelo, joven, levanta,
y sepa quién eres, no 775
pueda nunca la ignorancia
aventurarme el estilo.
(Hácense reverencias y cúbrense.)
FEDERICO Federico soy, de Albania
príncipe heredero; habiendo
oído que alista la fama 780
gente en tu servicio, no
solo en favor de la saña,
que con Casimiro engendró
aquella infeliz desgracia,
sino contra la invasión 785
de Sigismundo, en demanda
de hacerle paso en tu Estado,
vengo auxiliar a tus armas,
a servirte aventurero,
con naves y con escuadras, 790
que verá Gocia en sus puertos,
verá Rusia en sus campañas
el día que tu licencia
tengan, dignamente vanas
de militar a tu orden, 795
sin que el conducirlas haga
consecuencia para que
puesto más que confianza
de que vengo a merecer
tanto triunfo, dicha tanta 800
como tu mano promete
al que logre tu venganza;
porque solo a servir vengo,
sin que el sagrado me valga
de que a vista del peligro, 805
no es grosera la esperanza.
CRISTERNA Dos veces agradecida,
príncipe, a vuestra bizarra
acción, una en el socorro
y otra en la desconfianza 810
con que le ofrecéis, no sé
a cuál primero obligada
deba responder primero;
y ya que no puedo a entrambas,
a la menos sospechosa 815
que agora responda, basta.
Vós seáis muy bien venido,
y pues es justo que añada
yo al sueldo de aventurero
alguna noble ventaja 820
digna de vós, esta es,
Federico, la bengala
de general de mis tropas.
FEDERICO Otra vez beso tus plantas,
y otra y mil veces en ellas 825
acepto merced tan alta,
por lo que fío de mí
-fol. 99rque
sabré desempeñarla
con el alma y con la vida.
(Dentro, un clarín.)
CRISTERNA Quien de vós... ¿Mas, qué bastarda 830
trompa es aquella?
FLORA Un trompeta,
que de las góticas armas
de Sigismundo guarnece
la banderola y casaca,
llamada de paz ha hecho. 835
(Otro clarín.)
CRISTERNA Responded a la llamada,
que escusar al enemigo
siempre ha sido de importancia.
NISE Ya con el seguro, un joven
que vino en su retaguardia 840
se apea, y hacia aquí viene.
LESBIA Antes que llegue...
CRISTERNA ¿Qué tratas?
LESBIA Óyeme aparte: Ya sabes
que mi padre, en la embajada
de Gocia murió, y que yo 845
sirviendo quedé de dama
a Auristela, que a este tiempo
en Gocia huéspeda estaba,
de cuya corte mis deudos
me trujeron a tu casa. 850
CRISTERNA Sí, ¿mas qué importa eso agora?
LESBIA Que sepas, si no me engaña
la vista, que el gentil hombre
que llega, en fe de la salva
del seguro que le has dado, 855
es...
CRISTERNA ¿Quién?
LESBIA Segismundo.
CRISTERNA Calla,
y pues no puedo prenderle,
hecha ya la salvaguardia,
no te des por entendida.
LESBIA No haré, y antes retirada 860
escusaré que me vea,
por no despertar la rabia
de sus pasados desprecios.
(Vase, y sale SIGISMUNDO.)
SIGISMUNDO Pues divinamente humana
permites que tus pies bese, 865
no liberalmente escasa,
a quien ya logró esta dicha,
la mano niegues.
CRISTERNA Levanta,
y la ocasión que te trae
di, y no más.
SIGISMUNDO Oye, y sabrasla. 870
Sigismundo, señora,
que humilde el eco de tu nombre adora,
romper contigo siente
la paz que inmemorial guardó prudente
su vecindad en amigable trato; 875
y porque nunca baldonar de ingrato
puedas su estilo, el fin de lo que intenta,
segunda vez por mí te representa.3
Dice, pues, que su prima
Auristela, deidad que amante estima, 880
fue, desde su primera
edad, el punto, el término, la esfera
de toda su esperanza,
tan desde su crïanza
niño Amor, que hasta hoy no se ha acordado 885
haber vivido, sin haber amado.
-fol. 99v-
A este primer empeño
añade que juzgándose ya dueño
de igual correspondencia,
la posesión la malogró la ausencia: 890
la causa de otros visos han estado
(porque no quiero recatarte nada),
le dice (que pretende
satisfacer, que tu amistad no ofende)
no fue, como sin duda habrás oído, 895
querer su pundonor desvanecido
casar desde su casa,
sino querer, si a otro sentido pasa,
castigar no sé qué vanos recelos,
que a no ser suyos, los llamara celos, 900
con que turbó la paz en que vivía
una traidora fe que la servía,
fingiendo (bien se deja su cuidado
adivinar) que de ella enamorado,
(mas ¿qué no hará quejosa una hermosura?), 905
su favor pretendía, ¡qué locura!
Con este sentimiento,
sin bastar nada a disuadir su intento,
dejó a otra luz burlada su fineza;
mas ¿qué no hará querida una belleza? 910
¡Oh mujer, siempre hechizo de la vida,
o amada estés, o estés aborrecida!
Esto me da licencia de decirte,
como público ya, por persuadirte
a que atiendas que vive en un estado, 915
que ella celosa y él enamorado,
no hay otro medio de satisfacella,
que vea que en persona va por ella.
Y siendo así que no hay quilla que hoy corte
los helados carámbanos del norte, 920
ni tropa que se acerque
al erizado leño con que el Merque,
más que el Tanais helado,
le impiden el rodeo, pues cerrado
uno y otro horizonte, 925
peñasco el golfo es, piélago el monte,
te pide que a su amor compadecida
(pues no es su amor quien te dejó ofendida,
-fol. 100ry
entre iguales señores
suelen lidiar corteses los rencores, 930
que una cosa es la saña,
y otra la urbanidad de la campaña)
o que pasar le dejes,
con su familia sola, o no te quejes,
si amante...
CRISTERNA No prosigas, 935
que más me ofendes cuanto más me obligas;
pues cuando mi rencor, mi ira no fuera
tal, que también a él le comprehendiera,
y más oyendo agora
cuánto la sangre que aborrezco adora, 940
solo por ser, como es, su intención rara
trance de amor, el paso le negara.
Demás que ya su gente
a mi vista, otorgar no me es decente
lo que negué primero; 945
que a la tez del acero
asentar su color la cortesía,
no es más que una afectada cobardía;
y así, dile que intente
pasar, porque en mi espíritu valiente 950
nunca ha de hallar más conveniencia que esta.
SIGISMUNDO Pésame de llevarle esta respuesta,
que sé la ha de sentir, por ser contigo
la guerra, que si fuera otro enemigo,
que una dama no fuera, 955
ni aun esta salva pienso yo que hiciera.
FEDERICO Pues porque ese consuelo
no es bien que falte a tan amante duelo,
dirasle de mi parte
que, dejando lo Adonis por lo Marte, 960
podrá intentar tan generoso afecto,
absolviendo el escrúpulo al respecto,
pues ya Cristerna bella
no mantiene el rencor de su querella,
sino un soldado aventurero suyo. 965
SIGISMUNDO Huélgome de saberlo, y si es que arguyo
que eres tú quien a tanto te prefieres,
¿quién le diré que eres?
FEDERICO Porque sé que el empeño
crece a sombra del nombre de su dueño, 970
-fol. 100v-
Federico de Albania soy.
SIGISMUNDO Estimo
(Hácele reverencia.)
el conocerte, y porque veas que animo
de parte de mi rey el generoso
valor, con que enemigo tan glorioso
más aplaudido hará su vencimiento, 975
desde luego a los dos...
LOS DOS Di.
SIGISMUNDO Os represento,
por el puesto que aquí suplo [en] su ausencia,
a ti la lid, a ti esta reverencia,
como en albricias que a esas nuevas debo.
Y porque sepan qué respuesta llevo 980
antes que llegue, y que la guerra acepta
quien Cristerna no es, toca trompera,
en vez de salva, ya con voz más clara,
la botasela, el monta y la tarara.
(Vase con el clarín.)
FEDERICO En la lid nos veremos. 985
CRISTERNA Yo también, que corteses tus estremos
no han de atajar mi brío;
y pues mis armas a tu acuerdo fío,
ve a poner el ejército en batalla,
que batiendo la estrada, a aseguralla 990
yo con la guarda voy. Dadme un caballo.
(Vase.)
FEDERICO Amor, ¡en buenos dos empeños me hallo!;
uno el de aquel bosquejo, aquel dibujo,
que con Cristerna a merecer me trujo,
en fe de la esperanza, 995
de que pueda ser mía su venganza;
y otro del cargo en que este honor me ha puesto.
Pero ¿qué duda el que, a cumplir dispuesto
su obligación, dentro del pecho encierra
amor y honor?
(Las cajas y trompetas.)
(Dentro todos.)
[VOCES] ¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra! 1000
FEDERICO Y pues apenas el campo
de Sigismundo oyó el eco
de toques de guerra, cuando
desciende, en buen orden puesto,
y ella, batiendo la estrada 1005
marcha ya, en su seguimiento
iré. Amor, pues que te precias
de amante y soldado, siendo
hijo de Venus y Marte,
mira qué dice este acento... 1010
(Dentro.)
[VOCES] ¡Arma, arma! ¡Guerra, guerra!
FEDERICO Pon a tu cuenta mi riesgo.
(Vase y fíngese dentro la batalla.)
UNOS ¡Viva Sigismundo, viva!
-fol. 101r-
OTROS ¡Viva Cristerna!
(Sale CASIMIRO, vestido de soldado pobre, y TURÍN.)
CASIMIRO A buen tiempo
hemos llegado.
TURÍN ¿Qué llamas 1015
buen tiempo, señor, si vemos
llover en nubes de humo
granizo de plomo el cierzo?
CASIMIRO Pues, ¿a qué mejor, si es esa
la pretensión con que vengo? 1020
UNOS ¡Viva Sigismundo!
(Caja.)
OTROS ¡Viva
Cristerna!
TURÍN Advierte, te ruego,
si hallarte con Sigismundo
en esta acción es tu intento,
que no vas bien, porque está 1025
de Cristerna el campo en medio.
CASIMIRO ¡Ay, Turín, cuán al contrario
has discurrido! Que ciego
vengo a servir a Cristerna,
contra Sigismundo.
TURÍN Presto 1030
empiezas a ser cuñado.
¿Qué dices?
CASIMIRO Que ver deseo
si es verdad que la fortuna
ayuda al atrevimiento.
¡Vive Dios, o sea locura, 1035
o capricho, o devaneo,
que he de ver si valgo yo
con ella más que yo mesmo!
Y pues en fe de que sabes
lengua y país, te prefiero 1040
a tantos nobles vasallos,
no hay que encargarte el secreto
de quién soy, puesto que en traje
pobre, humilde y estranjero,
nadie habrá que me conozca. 1045
TURÍN Y allá, en echándote menos,
¿qué han de pensar que te hiciste?
CASIMIRO Eso ha de decir el tiempo.
(Caja.)
Y ahora, pues ves que ya empiezan
a disputarse los puestos, 1050
pues que ya los batidores
han atacado el encuentro,
pasemos a la vanguardia,
que hoy, si amor me ayuda, pienso
señalarme tanto que 1055
o quede triunfante, o muerto.
TURÍN Aténgome a lo segundo.
(Dentro CRISTERNA.)
[CRISTERNA] ¡Ay de mí, infeliz!
(La caja, y un ruido grande dentro.)
CASIMIRO ¿Qué es esto?
TURÍN Que herido el caballo viene
de aquel ribazo cayendo 1060
una mujer.
CASIMIRO Y tras ella
volante escuadrón pequeño
de infantería, o matarla
o prenderla intenta.
TURÍN ¿Y eso
qué te importa a ti?
CASIMIRO ¿No basta 1065
ser mujer?
TURÍN Advierte...
(Sale CRISTERNA, cayendo algunos soldados tras ella y después
SIGISMUNDO.)
CRISTERNA ¡Cielos,
dadme favor!
SOLDADO A prisión
te da.
SIGISMUNDO Apartaos, deteneos,
que reales personas solo
las rinden los rendimientos. 1070
Vuestra majestad...
CASIMIRO ¿Qué escucho?
SIGISMUNDO Ya que Sigismundo puedo
hablar, y no embajador,
vuelto a la vaina el acero,
se dé a prisión; pues ya ve 1075
que son iguales sucesos
trances de guerra y fortuna.
CRISTERNA Preciso es obedecerlos;
y pues son fortuna y guerra
monstruos mantenidos desto, 1080
muere a su horror.
CASIMIRO Eso no,
sin que yo muera primero.
Cobra un caballo, entre tanto
que yo tu vida defiendo,
SIGISMUNDO Loco, contra tantos, ¿cómo 1085
posible es?
CASIMIRO Como mi intento
solo es de morir matando.
CRISTERNA Y el mío también.
-fol. 101v-
FEDERICO (Dentro.)
Llegad presto,
que está en peligro su vida.
SOLDADO Cargando con todo el grueso, 1090
señor, su ejército avanza
sobre nosotros, a tiempo
que apartado de tu gente
te hallas.
SIGISMUNDO ¿Qué soldado, cielos,
es este, que ha embarazado 1095
el más glorioso trofeo?
TURÍN ¡Quién le pudiera decir
que un cuñado antes de serlo!
(Sale FEDERICO y soldados. Hácele la batalla, retirándose.)
FEDERICO ¡Muera Sigismundo y viva
Cristerna!
TURÍN Aquí entro yo. ¡A ellos! 1100
SOLDADO Forzoso es que te retires
hasta llegar a los nuestros.
SIGISMUNDO Notable ocasión perdí.
(Vase.)
CASIMIRO Pues aún yo no estoy contento;
mas adelante, Fortuna, 1105
pase tu valor, si es cierto
que dar uno es deber a otro.
(Vase.)
FEDERICO Ya que llegué a tan buen tiempo,
mientras un caballo cobras,
dime, señora: ¿qué es esto? 1110
(La caja siempre y trompetas.)
CRISTERNA Después lo sabréis, agora
socorred, socorred presto
aquel soldado, a quien vida,
honor y libertad debo,
aquel de la roja banda 1115
que, desesperado, en medio
de todos lidia, hasta que
cara a cara y cuerpo a cuerpo,
con Sigismundo a los brazos
llega. Pero ¿qué os aliento 1120
en su socorro, ¡ay de mí!,
si en su misma sangre envuelto
con él despeñarse deja
del monte?
(Dentro CASIMIRO y SIGISMUNDO.)
LOS DOS ¡Valedme, cielos!
TODOS ¡Viva Cristerna!
TURÍN Vitoria 1125
por los más.
(Ahora salen cayendo, y CASIMIRO ensangrentado.)
CRISTERNA ¿Qué es esto?
CASIMIRO Esto
es ser persona que hago,
y persona que padezco.
A tus plantas, ¡ay de mí!,
casi en el último aliento 1130
de mi vida, la persona
de Segismundo te ofrezco,
con la vitoria de ver,
cuando con él me despeño,
que ha desmayado su gente, 1135
y la tuya en seguimiento
suyo..., si... Mas cuando yo...
Proseguir ni alentar puedo.
Felice quien dio la vida
en tu servicio.
(Cayendo.)
CRISTERNA Pues estos 1140
trances de guerra y fortuna
son en la vaina el acero,
que a reales personas solo
las rinden los rendimientos,
os dad a prisión, pues veis 1145
que a vista de igual suceso
se retira vuestro campo,
desbaratado y deshecho.
TURÍN [Aparte.]
¿No fuera bueno ponerme
yo ahora a su lado, diciendo: 1150
«Huye, mientras yo te amparo»?
Mas ¿quién me mete a mí en eso?
SIGISMUNDO Muy descortés mi desdicha
fuera en mostrar sentimiento,
ya que prisionero soy 1155
en serlo, señora, vuestro.
CRISTERNA Mío no, de Federico
sí, que es de mis armas dueño.
Llevadle vós donde tenga
digna prisión, mientras yendo 1160
-fol. 102ra
la Corte, lo es la torre
del homenaje.
FEDERICO En mi mesmo
alojamiento tendréis
quien os sirva.
SIGISMUNDO ¿Quién vio, cielos,
de la dicha a la desdicha 1165
pasar a nadie tan presto?
(Vanse los dos.)
CRISTERNA Si ha muerto, mirad vosotros,
ese soldado.
TURÍN Aún no ha muerto,
que con más vidas que un gato
está vivo como un perro. 1170
[Aparte.]
Calle quién es, y quién soy.
CRISTERNA Pues retiradle, advirtiendo
(ya que en siguiendo el alcance
volver a la Corte intento)
que en mi tienda de campaña 1175
(Levántanle los soldados.)
se cure, con los remedios
que si fueran para mí,
porque más su vida precio,
que prisionero y vitoria.
CASIMIRO Pues con razones no puedo 1180
tan grande favor, señora,
con el alma os agradezco.
CRISTERNA Id, cuidad de vuestra vida,
que en vós, si vivís, espero
vengarme de Casimiro. 1185
CASIMIRO Yo de mi parte os lo ofrezco.
CRISTERNA Yo lo acepto de mi parte.
TURÍN Mucho hay que decir en eso.
¡Válgate Dios por novela!
¿En qué ha de parar tu enredo? 1190
CASIMIRO ¡Válgate Dios, por ventura,
que poco gozarte pienso!
CRISTERNA ¡Válgate Dios por soldado,
en qué obligación me has puesto!
Jornada II
Salen CASIMIRO y TURÍN.
TURÍN ¿Dónde de tantas heridas,
apenas convalecido
venís, señor?
CASIMIRO Si a Cristerna
en tantos días no he visto,
puesto que en su ausencia muero, 5
¿para qué en su ausencia vivo?
A verla vengo, Turín,
ya que para hablarla he oído
que a cualquier hora al soldado
audiencia da.
TURÍN Si ese ha sido 10
tu intento, a buen tiempo llegas,
que ella al apacible sitio
deste jardín, donde dicen
que suele andar de contino,
leyendo una carta sale. 15
CASIMIRO Pues retírate conmigo
hasta que acabe de leerla,
que no es cortesano estilo
llegar estando leyendo.
(CRISTERNA, leyendo una carta.)
CRISTERNA «Desde el día que supimos, 20
señora, aquel homenaje
que vuestra majestad hizo
con tan grande premio, a quien
se le diere, muerto o vivo,
ni vivo ni muerto dél 25
se sabe.»
CASIMIRO Turín, ¿has visto
más soberano, más bello,
más hermoso, más divino
sujeto?
TURÍN Infinitas veces.
CASIMIRO ¡Mal hayas tú!
CRISTERNA (Lee.)
«Varios juicios 30
se han hecho en su ausencia; pero
el que corre más valido
es que una melancolía,
que potencias y sentidos
le tenía perturbados, 35
pasándose a ser delirio,
debió de desesperarle
desde una galería al río,
donde se encerraba a solas.»
Con justa razón admiro 40
tan gran novedad; mas luego
-fol. 102vdiscurriré,
ahora prosigo.
CASIMIRO Con gusto que lee, parece,
la carta.
TURÍN No se le envidio,
si ha de responder a ella. 45
CASIMIRO ¿Por qué?
TURÍN Porque el que recibo,
cuando alguna carta leo,
le pago cuando la escribo.
CRISTERNA (Lea.)
«Auristela, que en su ausencia
tiene de Rusia el dominio, 50
sabiendo que Sigismundo
a ser prisionero vino
de tus armas, siendo ella
desa fineza motivo,
a ponerle en libertad 55
marcha, y hoy en tus distritos
harán alto sus banderas.»
CASIMIRO ¡Qué aire!, ¡qué beldad!, ¡qué brío!
¡Feliz quien compró esta dicha
a costa de aquel peligro! 60
TURÍN Pues a ese precio, en la feria,
habrá lances infinitos.
CRISTERNA (Lee.)
«Pero apenas llegará,
cuando yo, que leal te sirvo,
como pongas en la raya 65
emboscados y escondidos
en sus malezas algunos
soldados, con un caudillo
de satisfación, haré
que de una seña advertidos, 70
que será una banda blanca
pueda carearse conmigo,
y dándole nombre y seña,
y contraseña, atrevidos
llegar a su tienda, donde 75
la noche haciendo su oficio,
o la prendan o la maten.»
Agora, discurso mío,
en tantos, en tan estraños
casos, como cifrar miro 80
lo breve deste papel,
discurramos.
CASIMIRO Ya ha leído.
TURÍN Llega, pues.
CASIMIRO Un monte muevo
en cada planta que animo.
CRISTERNA Casimiro, desde el día 85
que supo que vengativo
mi rencor ha de buscarle,
no parece. ¿Si habrá sido
ardid y cautela?
CASIMIRO Sí.
CRISTERNA ¿Qué oráculo ha respondido? 90
CASIMIRO Si a la deidad del milagro
llevar debe agradecido
la tabla de la tormenta
el naufragio peregrino,
bien yo a tus aras, señora, 95
en piadoso sacrificio,
pues vida y alma te debo,
la alma y la vida te rindo.
CRISTERNA Acaso ha sido: suspenda
de mis discursos el juicio. 100
Mucho me huelgo de veros,
que vuestra persona estimo
más (antes lo dije, y agora
vuelvo de nuevo a decirlo)
que vitoria y prisionero. 105
CASIMIRO Bien un cortesano dijo
que nunca a los reyes falta
caudal de premiar servicios.
CRISTERNA ¿Cómo?
CASIMIRO Como premian solo
con dejarse ver benignos. 110
CRISTERNA Con todo eso, hay otros premios
que den del poder indicio.
CASIMIRO Serán más acomodados,
mas no serán más bien vistos.
CRISTERNA Bien es que se den la mano 115
honores y beneficios.
CASIMIRO Sí, pero siempre, señora,
lo más digno es lo más digno.
CRISTERNA Pues porque lo logre todo
quien todo lo ha merecido, 120
¿en qué compañía, qué tercio
servís? ¿Qué puesto, qué oficio
-fol. 103ren
mi ejército tenéis?
CASIMIRO Yo soy tan recién venido,
que oficio, puesto, ni plaza 125
tengo; pues apenas piso
vuestro, para mí, estranjero
país, cuando el hado previno
mostrar que a serviros vengo,
con que empezase a serviros. 130
CRISTERNA ¿De qué nación sois?
CASIMIRO La banda
pensé que lo hubiera dicho.
Vasallo de España soy.
Borgoña es mi patrio nido.
CRISTERNA ¿Sois noble en ella?
CASIMIRO No sé. 135
CRISTERNA ¿Eso ignoráis?
CASIMIRO Es preciso.
CRISTERNA ¿Cómo?
CASIMIRO Como nunca el pobre
es ni bien ni mal nacido,
bien, porque otro ha de dudarlo,
mal, porque él no ha de decirlo. 140
Un soldado de fortuna
soy, no más, que peregrino
vengo buscando la guerra,
sin más favor, más arrimo,
más lustre, ni más caudal 145
que esta espada, de quien fío,
que ella ha de decir quién soy,
si es que el enigma no olvido
del sabio que preguntó
quién después de haber nacido 150
había engendrado a sus padres,
y otro el soldado le dijo
que los padres del soldado
solo son sus hechos mismos,
con tan gran novedad como 155
nacer primero los hijos.
CRISTERNA ¿El nombre?
CASIMIRO Soldado soy,
sangre, y nombre, y apellido
a este se reduce todo.
CRISTERNA Segunda vez os estimo, 160
(ya que buscando la guerra
venís, como me habéis dicho)
que eligieseis mis armas
y no las de Casimiro
o Sigismundo.
CASIMIRO ¿Quién tuvo 165
en su mano su albedrío,
que lo mejor no eligiese?
CRISTERNA ¿Y es lo mejor el partido
de quien en medio de dos
poderosos enemigos 170
sitiada está?
CASIMIRO Sí, señora,
y perdonadme el estilo,
si a privilegios de reina
los de mujer anticipo;
porque solo el ser mujer 175
trae una carta consigo,
tan de favor que no hay hombre
con quien no hable el sobre escrito.
Servir por inclinación
es tan mañoso artificio, 180
que de la penalidad
sabe labrarse el alivio.
Y cuando reina no fuerais,
(y reina de quien he oído
por vuestro ingenio milagros, 185
por vuestro valor prodigios)
solo por mujer, señora,
libre una vez en mi arbitrio,
os eligiera por dueño;
que tiene casi divino 190
su ser, no sé qué absoluto
imperio sobre el destino,
que sin saber a quién mandan,
mandan con tanto dominio,
que servirlas no es fineza, 195
y es no servirlas delito.
CRISTERNA ¿Y no sabéis que sois noble?
Pues yo sí; porque es preciso
que el hábito de estimarlas
caiga siempre en pechos limpios. 200
Yo doy por vistas las pruebas,
y, pues yo las califico,
el capitán de mi guardia,
al ver mi caballo herido,
-fol. 103vpor
llegar a socorrerme 205
en el pasado conflicto,
murió; y pues que vós quedáis
heredero del peligro,
es bien lo quedéis del puesto.
CASIMIRO A vuestras plantas rendido... 210
CRISTERNA Alzad, levantad del suelo.
TURÍN Y yo, que ha más de mil siglos
que, oyendo hablar en discreto,
callando me estoy martirio
que no alcanzó Diocleciano, 215
puesto que, a haberle sabido,
condenara a pasar antes
a conceptos que a cuchillos,
¿no mereceré, señora,
también por rocín venido, 220
ser vivandero siquiera?
CASIMIRO Quita, necio.
TURÍN Sabio, quito.
CRISTERNA Dejadle. ¿Quién sois?
CASIMIRO Un loco,
ignorante criado mío.
TURÍN Niego el supuesto, que yo 225
soy el amo, el silogismo
pruebo. Yo sirvo de suerte
que no sirve lo que sirvo;
él sirve, sirviendo cuando
como, y bebo, calzo y visto; 230
luego el servido soy yo,
puesto que él no es el servido,
y aunque él sea el servidor,
estoy yo a vuestro servicio.
CRISTERNA Buen humor tenéis.
TURÍN No gasto 235
ni récipes, ni aforismos.
CASIMIRO Ya basta, loco. Y volviendo
a ponerme agradecido
a vuestros pies...
CRISTERNA No, no más,
que esto no es más que principio; 240
y si una interpresa, que hoy
os he de fïar consigo,
ya que al disponerla habéis
a tan buen tiempo venido,
habéis de ver... Pero esto 245
el efecto ha de decirlo.
(Yéndose.)
Esperadme aquí, entre tanto
que a consultar los designios,
como en fin mi general,
voy della con Federico. 250
(Al entrarse, sale FEDERICO.)
FEDERICO ¡Una y mil veces dichoso
quien a tan buen tiempo vino,
que oyó su nombre en tus labios!
CRISTERNA Accidentes sucedidos
acaso, ni dichas son, 255
ni desdichas.
FEDERICO Hayan sido
lo que fueren, por lo menos
cuando el nombre no sea indicio
de memoria, a mí me basta
el que no lo sea de olvido. 260
CRISTERNA Eso es exceder los fueros
de aquel hidalgo motivo
de servir sin esperanza.
FEDERICO ¿Yo con qué esperanza sirvo?
CRISTERNA No responderos a eso 265
sea haberos respondido.
El acaso de nombraros,
fue decir que iba a advertiros
de dos grandes novedades
de que un confidente mío, 270
vasallo que en Rusia tengo,
me da en esta carta aviso.
CASIMIRO Esto me importa, Turín,
que oiga.
TURÍN Pues, ¿hay más de oírlo?
CRISTERNA Pero para hablar en ellas, 275
asegurar solicito
que Sigismundo (que en fe
de la guardia le permito
de esa torre de palacio,
que es de su prisión retiro, 280
salir a aquestos jardines),
no nos oiga, y imagino
que desde que estoy yo en ellos,
-fol. 104rentre
sus redes le he visto.
Y así, como acaso, quiero, 285
dando breve vuelta al sitio,
asegurarme de que
no esté donde pueda oírnos.
Esperad los dos, que importa
que esté su efecto escondido 290
de Sigismundo.
(Al entrarse, por la otra puerta sale SIGISMUNDO.)
SIGISMUNDO ¡Infeliz
quien a tan mal tiempo vino,
que oyó en tus labios su nombre!
CRISTERNA Eso otro al contrario dijo.
SIGISMUNDO Bien pueden tener razón 295
dos, no diciendo lo mismo.
CRISTERNA ¿Cómo?
SIGISMUNDO Como lo que es
en el dichoso cariño,
es ceño en el desdichado;
y así, bien puede haber sido 300
dicha en otro, en mí desdicha,
que con afectos distintos,
habléis dél como parcial
y de mí como enemigo.
Mas ya que lo soy, señora, 305
dar a entender solicito
que lo soy bien, como debo
serlo yo. Un criado mío,
que preciado de leal,
menospreciando el peligro, 310
en traje de jardinero
osó entrar aquí, me ha dicho
dos novedades que os tocan,
y habiéndolas yo sabido
([Aparte.]
Hagamos del ladrón fiel, 315
pues saberlo ella es preciso,
día más a menos), fuera
ignorarlas vós delito;
mayormente, cuando dellas
puede ser que el hado impío 320
desarrugue el ceño y saque
de un estrago dos alivios.
Una es que no se sabe,
señora, de Casimiro,
y se cree que, perturbado 325
de una melancolía el juicio,
furioso se arrojó al Tanais,
pues cerrado y escondido
en una galería, nadie
salir, señora, le ha visto. 330
Otra es que Auristela viene
en su ausencia, con motivos
de ponerme en libertad,
cuyo ejército, vecino
ya a vuestra raya, esperando 335
las diversiones del mío
está.
CRISTERNA ¿Sabéis más?
SIGISMUNDO ¿Qué más?
CRISTERNA Más que hay que saber. Lo mismo
iba a decir yo a los dos,
que habéis vós a los tres dicho. 340
CASIMIRO ¿En fin, por muerto y por loco
me tienen?
TURÍN Pues no han mentido
más que la mitad del precio,
que en la otra, verdad han dicho.
SIGISMUNDO ([Aparte.]
¿Aquí estaba este soldado? 345
Con tanto rencor le miro
como causa de mis penas,
que haré, si lo finjo, mucho.)
Que lo supieseis, señora,
quitar no puede a mi aviso 350
lo noble de la noticia,
y más si della consigo,
que pues Casimiro fue
quien tan gran pesar os hizo,
y él falta, no hay contra quién 355
vuelva la guerra al principio.
Auristela y yo, no solo
prisioneros, mas cautivos
seremos vuestros, si dando
el sentimiento al olvido, 360
ve el norte que una paz...
CRISTERNA Basta,
-fol. 104vno
prosigáis, que al oíros
darme aquí las nuevas vós,
proponiéndome el designio
de la paz, me da a entender 365
que todo esto es artificio.
Creído tuve que podía
ser verdad el precipicio
de Casimiro; pero agora
que en vós la noticia miro 370
y el pretexto, me persuado
a que todo sea fingido.
SIGISMUNDO ¿Fingido no parecer
hombre como Casimiro,
ni saber nadie de él?
CRISTERNA Sí, 375
que el temor le habrá escondido
al ver que contra él no hay
príncipe que, conmovido
al interés de mi mano,
o al blasón de su homicidio, 380
no me solicite asumpto
de su militar auxilio.
Federico, ya lo veis,
pues que mis armas le fío,
a tiempo que Hungría me escribe 385
que viene ya en favor mío;
el de Bulgaria4y Polonia
también me avisan lo mismo,
de suerte, que al ver que tantos
poderosos enemigos 390
le han de buscar, el temor
sin duda esconder le hizo,
por ver si en este intermedio
doy a la platica oídos
de la paz.
FEDERICO Y eso lo afirma 395
ver que nadie dé por fijo
su despeño, que es dejar
la puerta abierta al arbitrio,
para que pueda después
que se hayan desvanecido, 400
hecha la paz, los socorros,
vivo parecer, al viso
de otra disculpa.
CASIMIRO ¡Que oiga
esto yo!
TURÍN ¿Hay más de no oírlo?
CASIMIRO ¿Cómo?
TURÍN Hazte sordo.
SIGISMUNDO Que haga 405
Cristerna, príncipe, el juicio
que quisiere, es dama y puede;
mas que vós le hagáis, no es digno
de vuestro valor; que pechos
tan generosos y altivos 410
creen desdichas, no ruindades,
y en ellas el fuego activo
de lo rencoroso, apagan
llantos de lo compasivo;
fuera de que es argumento 415
contra el propio interés mío;
creer, que mi enemigo hiciera
lo que no hiciera yo mismo.
FEDERICO Ya sé que el tener yo honor
es tenerlo mi enemigo; 420
pero cuando el caso sea
tan no nunca acontecido,
puede arbitrar la sospecha.
SIGISMUNDO No puede, y así os suplico
que advirtáis que prisionero 425
soy, y que aunque sea mi primo
amigo y cuñado, no
tengo acción para pediros
de otra suerte, que miréis
como habláis de Casimiro. 430
FEDERICO De cualquier suerte que yo
hable...
CRISTERNA Basta, Federico;
basta, Sigismundo. Ved
que estoy yo aquí.
CASIMIRO ¿Quién, divinos
cielos, creerá que yo esté 435
de todo esto por testigo?
TURÍN Yo lo creeré, pues que creo
que anda un cuñado tan fino,
FEDERICO Señora, yo...
SIGISMUNDO Yo, señora...
CRISTERNA Bien está, príncipes; idos, 440
idos vós también, y ved,
-fol. 105rsegunda
vez lo repito,
que estoy de por medio yo.
FEDERICO Obligaros solicito.
SIGISMUNDO Obedeceros deseo. 445
FEDERICO Denme los cielos camino
para que yo mantener
pueda lo que hubiere dicho.
(Vase.)
SIGISMUNDO Por no ver a este soldado,
más gustoso me retiro, 450
que sentido de no haber
vuelto más por Casimiro.
(Vase.)
CRISTERNA ¡Soldado!
CASIMIRO ¿Qué me mandáis?
CRISTERNA Retiraos vós.
TURÍN ¿Secretico?
¡Quiera Dios que hablar se vuelvan 455
de secretos y no entendidos;
ya que anda el diablo suelto,
que no ande el amor listo!
(Vase.)
CRISTERNA Ya sabéis que a una interpresa
os cité.
CASIMIRO Y sé que no vivo, 460
hasta saberla.
CRISTERNA También
sabéis que con Federico
iba a consultarla.
CASIMIRO Sí.
CRISTERNA Pues sabed que, interrompido
aquel intento con esta 465
desazón que aquí habéis visto,
ya consultarla no quiero
con nadie, sino conmigo.
CASIMIRO Y hacéis bien. ¿Qué más consejo,
señora, que el vuestro mismo? 470
CRISTERNA Pues oíd. Pero primero
que me resuelva a decirlo,
me habéis de hacer juramento
del secreto.
CASIMIRO A los divinos
cielos, la rodilla en tierra, 475
una mano sobre el limpio
acero, en las vuestras otra,
lo otorgo, juro y confirmo.
CRISTERNA ¿Ceremonias de homenaje
sabéis?
CASIMIRO Tal vez he leído 480
que esta es su forma.
(Tómale la mano.)
CRISTERNA Pues yo
con toda ella le recibo.
CASIMIRO Por lo menos ya esta dicha
no has de quitarme, hado impío,
y como el tacto me dejes, 485
te doy los demás sentidos.
CRISTERNA ¿Y confirmáis, otorgáis
y juráis?
CASIMIRO Sí.
CRISTERNA ¿Sin oírlo?
CASIMIRO Pues, ¿qué hace en adelantarlo
quien sabe que ha de cumplirlo? 490
CASIMIRO ¿Que en la demanda desta
facción, que de vós confío,
perderéis la vida antes
que el efecto?
CASIMIRO Así lo afirmo.
CRISTERNA Pues con los soldados, que 495
yo os entregaré escogidos,
iréis a la raya, en cuyos
marañados laberintos,
emboscado esperaréis
hasta que en ella os dé aviso 500
tremolada blanca seña;
y habiéndoos cercado, y visto
con quien la haga, tomaréis,
cautamente prevenido,
seña, contraseña y nombre, 505
con que en el trémulo abrigo
de la noche llegaréis,
bien informado del sitio,
a la tienda de Auristela,
donde osado y atrevido 510
la prendáis o matéis. Este
el orden es, advertid
que queda a mi cuenta el premio,
y va a la vuestra el peligro.
(Vase.)
CASIMIRO Oíd, esperad, ved. Fortuna, 515
¿quién en el mundo se ha visto
en tan nuevo, tan estraño,
tan raro, tan exquisito
empeño de amor y honor,
sangre y patria? Mas ¿qué admiro? 520
-fol. 105v-
Mas ¿qué dudo? Mas ¿qué estraño?
¿Qué discurro? ¿Qué imagino?
Si sangre, patria y honor,
en este confuso abismo,
donde amor todo es portentos, 525
mi vida toda prodigios,
no pesan, no montan tanto
como haber Cristerna dicho
que está a su cuenta el premiarlo,
y va a mi cuenta el cumplirlo. 530
(Cajas y trompetas, soldados, ARNESTO y AURISTELA.)
AURISTELA En esta inculta raya,
falda del Merque y del Danubio playa,
cuyo inmenso raudal y cuya cumbre,
del mar las olas y del sol la lumbre,
uno iguala, otro mide, 535
y a Suevia y Rusia en términos divide,
alto haga nuestra gente,
ya que el sol a los campos de occidente,
huyendo baja de la noche fría
en el postrer crepúsculo del día, 540
que apenas el aurora
veréis que las más altas cimas dora,
cuando mi orgullo ciego,
talando a sangre y fuego
entre, desde la encina hasta la caña, 545
el próvido verdor de la campaña,
sin perdonar el bélico tributo,
ni hoja, ni mies, ni vid, ni flor, ni fruto.
ARNESTO Ya la gente alojada
por su maleza está y tu tienda armada; 550
entra, señora, a descansar en ella.
AURISTELA Mi quietud solo estriba en no tenella.
El día que, mentidos mis desvelos,
me di por satisfecha de los celos
de Sigismundo, al ver cuán manifiesta 555
satisfación la libertad le cuesta;
y el día también que trágico mi hermano,
ya de infelice, o ya de cortesano,
no parece; ¡infelice
si el despeño es verdad que el vulgo dice! 560
Cortesano, si es que retirado,
por vivir de Cristerna enamorado,
verse escusa con ella
en campal lid, dejándole a mi estrella
las armas, porque a fin de empresas tales, 565
de mujer a mujer lidien iguales.
-fol. 106r-
Y pues, sea verdad o no lo sea
su despeño o su amor, es bien que vea
Cristerna, si blasona
de que ella Palas es, que soy Belona, 570
no ha de saber que se rindió mi pecho
al ocio blando del mullido lecho.
(Sacan luces, siéntase, y vanse todos.)
Poned ahí unas luces y un asiento,
que este le basta a mi cansado aliento,
cuando porfiado el sueño 575
se quiera hacer de mis sentidos dueño.
Salíos todos afuera.
¡Oh vaga obscuridad, corre ligera,
que la hora no ve la saña mía
de que me vuelvas a traer el día! 580
(Canta dentro un SOLDADO.)
SOLDADO Prisionero Sigismundo
en Suevia está; mas ¿quién
pudo blasonar de amante,
que prisionero no esté?
AURISTELA Hola.
(Sale.)
ARNESTO Señora...
AURISTELA Quién canta 585
mirad.
ARNESTO El soldado ha sido
de posta, que persuadido
a que sus males espanta,
si el adagio no mintió,
con ese alivio pequeño 590
espanta cansancio y sueño.
¿Direle que calle?
AURISTELA No,
que lo que estrañé es que cante
tan a propósito ahora.
ARNESTO ¿A qué novedad, señora, 595
no hacen versos al instante
ociosos ingenios? Y es
harto que en la ardiente esfera
de aquesa encendida hoguera,
adonde reparar ves 600
iras del yelo y la escarcha,
no sean las voces más,
con que divertir verás
las fatigas de la marcha.
(Vase.)
AURISTELA Id, y no le digáis nada; 605
que no le quiero quitar
ese alivio a su pesar,
ni aun al mío, si llevada
del contento de su voz,
clarín su contento fuera 610
que mi espíritu encendiera,
acordándole veloz,
que en Suevia Sigismundo
prisionero está.
(Músicos y ella.)
[VOCES] Mas ¿quién
pudo blasonar de amante, 615
que prisionero no esté?
SOLDADO Bien que atendiendo a la causa
a quien debe el padecer,
dulcemente se consuela,
diciendo una y otra vez: 620
(Toda la música.)
[VOCES] Prisionero me tiene
por un buen querer.
SOLDADO Y responden todos, envidiosos dél:
«Si el querer es delito...»
(Músicos todos.)
[VOCES] ... préndanme también. 625
AURISTELA Y aun yo con todos, ¡ay triste!,
estoy para responder
a las fantasmas del sueño,
que ya en mi triunfar se ve.
(Músicos y ella.)
[VOCES] Si el querer es delito, 630
préndanme también.
-fol. 106v-
(Salen CASIMIRO, con una banda en el rostro, soldados y ROBERTO.)
ROBERTO Aunque de mí recatado,
descubrirte no has querido
el rostro, el haber venido
de quien vienes enviado, 635
basta para que pretenda
cumplir lo que prometí.
Llega conmigo, que aquí
es de Auristela la tienda.
CASIMIRO El no descubrirme ha sido 640
temer, si el rostro me viera
quizá alguno, que pudiera
ser por él muy conocido,
porque en campaña me vi
muchas veces cara a cara 645
con tu gente.
ROBERTO Pues repara,
ya que llegaste hasta aquí,
falseando a las centinelas,
de nombre y seña las guardas.
Ya el campo en quietud, ¿qué aguardas? 650
Durmiendo está, ¿qué recelas?
CASIMIRO Bien, guerra, ladrón atroz
del siglo, tu horror te muestra,
pues hiciste llave maestra
de todo un reino una voz, 655
sujeta a una vil cautela.
¿A quién, cielos, no da espanto
el mirar que duerman tanto,
solo en fee de que uno vela?
ROBERTO ¿Qué esperas? Llega conmigo, 660
pues que durmiendo está allí.
(Vanse los soldados.)
CASIMIRO Retiraos, y solo a mí
me dejad; que si consigo
mi intento, yo os llamaré
a su tiempo.
ROBERTO ¿Pues qué intento 665
puedes dudar, cuando atento
a la ocasión que se ve,
tienes a Auristela bella
en tus manos? ¿Qué orden, pues,
dime, traes?
CASIMIRO El orden es 670
de matalla, o de prendella,
y pues me dan a escoger,
todo lo he de ejecutar,
que prender tengo y matar.
ROBERTO ¿Eso cómo puede ser? 675
Matar y prender ¿no es
contrario?
CASIMIRO No.
ROBERTO ¿Cómo así?
CASIMIRO Traidor, matándote a ti
y prendiendo a ella después.
(Dale con una daga, cae dentro; quítase la banda y se la echa a AURISTELA al
rostro.)
ROBERTO ¡Muerto soy!
CASIMIRO Nadie se espante, 680
que en tan nunca visto empeño
mate a un traidor como dueño,
prenda un alma como amante.
Date, Auristela, a prisión.
AURISTELA ¡Ay de mí!
(Salen los soldados, y llévanla vendada, y sale ARNESTO.)
CASIMIRO Llegad, y vamos 685
donde la escolta dejamos.
AURISTELA ¡Traición!
TODOS ¡Al monte!
AURISTELA ¡Traición!
ARNESTO ¡Ha de la guarda! Entre el ruido
la voz de Auristela oí.
Acudid; mas ¡ay de mí!, 690
que en un cadáver herido
tropecé, a tiempo que ella
de aquí falta. ¡Qué recelos!
¡Auristela!
AURISTELA (Lejos.)
¡Piedad, cielos!
ARNESTO Su voz, ¡ay de mí!, es aquella 695
que ya en ecos desmayados,
dentro se oye de la sierra.
¡Traición, traición!
(La caja, y sale ARNESTO.)
TODOS ¡Arma, guerra!
AURISTELA (Lejos.)
¡Ay de mí, infeliz!
-fol. 107r-
(Vuelven a salir con ella desmayada, y pónenla en el suelo.)
CASIMIRO (Dentro.)
¡Soldados!,
pues ya vencida la raya, 700
no tenemos que temer
que la puedan socorrer,
y ella el aliento desmaya,
tanto, que casi sin vida
ha quedado; aquí podemos 705
repararla, pues tenemos
por nuestra esta entretejida
estancia del monte, en quien
defendernos, cuando fuera
posible que la siguiera 710
su ejército; y así es bien,
que las dos tropas montadas
estén, en tanto, ¡ay de mí!,
que vuelve o no vuelve en sí,
porque sus luces cobradas 715
con las del sol, a quien vemos
que ya comienza a lucir,
pueda en un caballo ir.
SOLDADO En todo te obedecemos.
(Descúbrela el rostro.)
CASIMIRO Beldad que postrada estás, 720
recibe en descuento hoy
de la pena que te doy
la lástima que me das.
Y si el sueño que era dueño
tuyo, fue al desmayo ensayo, 725
no represente el desmayo
más de lo que escribe el sueño.
Despierta, pues, y...
AURISTELA ¡Ay de mí!
CASIMIRO Alma, albricias.
AURISTELA ¿Qué oigo y miro?
¿Sueño o velo a Casimiro? 730
Cielos, ¿no es este?
CASIMIRO No y sí.
AURISTELA ¿No y sí? ¿Cómo puede ser
que seas y que no seas,
si no es que en sombras me veas,
obligándome a creer 735
que es verdad que despeñado
moriste? Y pues dices que eres
y no eres, ¿qué me quieres,
y para qué me has sacado
de mi tienda a esta montaña, 740
haciendo al sueño testigo
de que era el campo enemigo
el que me prendía?
CASIMIRO La estraña
duda, ¡ay Auristela bella!,
de ser y no ser no estriba 745
en que muera o en que viva,
sino en que quiera mi estrella
que viva y muera, no siendo
y siendo yo.
AURISTELA El cómo ignoro.
CASIMIRO Siendo yo, pues que te adoro, 750
no siendo yo, pues te ofendo,
con que en tu suerte y la mía
causa hay que uno y otro afirme.
AURISTELA Eso es querer persuadirme
a que sueño todavía. 755
Y pues ves la mortal lucha
de hallarme aquí en tu poder,
morir, vivir, ser, no ser,
sepa yo qué es esto.
CASIMIRO Escucha:
Un desordenado amor 760
me lleva, arrastra y destierra...
(Dentro.)
[SOLDADO] 1.º ¡Al monte!
[SOLDADO] 2.º ¡Al valle!
[SOLDADO] 3.º ¡A la sierra!
(Sale un SOLDADO.)
SOLDADO Acude presto, señor,
que la gente de Auristela
el campo corriendo viene; 765
y pues ya su acuerdo tiene,
ponla en un caballo y vuela,
no se pierda lo adquirido
con volver a aventurallo.
(Vase.)
CASIMIRO Dices bien, llega un caballo. 770
Ven conmigo.
AURISTELA Si has oído
-fol. 107vque
es nuestra gente, ¿de quién
huyes?
CASIMIRO De ella.
AURISTELA ¿De ella?
CASIMIRO Sí.
Pues que no puedo de mí.
Conmigo, Auristela, ven 775
donde veas que gobierna
mi acción superior poder.
AURISTELA ¿A qué he de ir yo huyendo?
CASIMIRO A ser
prisionera de Cristerna.
AURISTELA ¿Qué dices?
CASIMIRO Que en este empeño 780
mi honor está.
AURISTELA Ahora creí
que fue cierto el frenesí,
ya que no lo fue el despeño:
¿De Cristerna prisionera
yo por ti?
CASIMIRO No digas más, 785
que presto vengar podrás
ese error.
AURISTELA ¿De qué manera?
CASIMIRO Solo con decir quién soy,
pues en el instante que
lo sepa ella, moriré 790
a sus iras, con que hoy,
tras la ofensa que te alcanza,
que va la venganza piensa;
pues te hago apenas la ofensa,
cuando te doy la venganza. 795
Ven, dirás quién soy, y así
matarme al punto verás,
y, vengada, quedarás
duquesa de Rusia.
(Sale SOLDADO.)
[SOLDADO] Aquí
está ya el caballo.
CASIMIRO Ea, ven. 800
AURISTELA Antes...
CASIMIRO No hagas resistencia,
o volverá la violencia
a su primer acción.
AURISTELA Ten
la mano, que si dormida
me dejé atrever a mí, 805
en mi acuerdo no. De aquí
vamos, pues.
CASIMIRO ¡Ay de mi vida!
AURISTELA ¿Por qué?
CASIMIRO Porque veo que vas
más consolada, y es...
AURISTELA ¿Qué?
CASIMIRO Que a vengarte vas.
AURISTELA No sé 810
lo que haré, allá lo verás.
(Vase.)
CASIMIRO Y aquí, porque ¿qué esperanza
habrá en mujer ofendida,
que está en que calle mi vida
y en que hable su venganza? 815
(Salen CRISTERNA y LESBIA.)
LESBIA ¿Tan de mañana, señora,
en el jardín?
CRISTERNA Un cuidado
pocas veces, Lesbia, supo
guardar el sueño al descanso.
A aquel soldado estranjero 820
envié a una facción, fiando
dél y della dos efectos,
bien considerables ambos:
Uno, porque en él estriba
la quietud de mis estados, 825
si le consigo; y otro,
porque si por él le alcanzo,
desempeño el homenaje
de dar a nadie la mano.
LESBIA ¿Cómo?
CRISTERNA Como siendo él 830
quien logre el triunfo más alto
hoy en mi servicio, quedo
libre; que siendo un soldado
de fortuna, a quien le deba
en el primero fracaso 835
libertad, vitoria y vida,
y después honor y aplauso,
claro está que con mercedes
a menos costa le pago,
que si fuera un igual mío 840
a quien le debiera tanto.
LESBIA ¿Y no puede ser, señora,
según lo que me has contado,
que quien habla tan atento,
que quien lidia tan bizarro, 845
-fol. 108rsea
más de lo que dice?
CRISTERNA Al alma me estás hablando,
que si a su valor atiendo,
que si en su ingenio reparo,
entro en la misma sospecha, 850
y pues es aquel crïado
(que en fe de hombre de placer,
debe de haberse tomado
licencia de entrar aquí)
suyo, háblale como acaso, 855
quizá entre los dos podría
ser, que averigüemos algo.
(Sale TURÍN.)
TURÍN Aquí le perdí, y aquí
le tengo de hallar.
LESBIA Hidalgo,
¿cómo con tanta osadía 860
hasta aquí os entráis?
TURÍN Andando,
dijera, si ya no fuera
vieja frieldad deste paso.
Un amo busco, que Dios
me dio, si da Dios los amos, 865
que desde que aquí ayer tarde
le dejé con vós hablando,
y salió de aquí a montar
en cólera, y a caballo,
(porque de unas compañías 870
iba al principio por cabo)
no ha vuelto; y así, señora,
le vengo a buscar. Si acaso
sabéis vós dél, no perdáis
las albricias del hallazgo, 875
u os le pedirán por hurto.
LESBIA Bastante desembarazo
tiene el hombre.
CRISTERNA No tan solo
sé dél yo para informaros,
mas vós me habéis de informar 880
dél a mí.
TURÍN ¿Yo? ¿Cómo o cuándo?
CRISTERNA Fïando de mi secreto,
su patria, nombre y estado.
TURÍN Si esta fuera comedia,
¡cuál estuviera ahora el patio 885
tamañito de pensar
que había de cantar de plano!
¡Pues vive Dios, que he de ser
excepción de los lacayos!
CRISTERNA ¿No respondéis?
TURÍN Yo, señora, 890
ha que sigo algunos años
vuestro ejército, de que
hallaréis testigos hartos.
Viendo, pues, que un mochiller
lo pasa con gran trabajo, 895
me apliqué a servir a este
don soldado, de soldado,
de quien no sé más que vós,
y aun pienso que no sé tanto.
Solo lo que añadir puedo, 900
si la malicia adelanto,
(no se pierda todo, ya
que se pierda el hablar claro)
es que debe de ser más
que dice; y esto lo saco, 905
no tanto de ricas joyas,
que tal vez le he visto, cuanto
porque es la que más estima
de una madama el retrato,
con quien a solas suspira 910
y llora; y esto del llanto,
con su «¡ay de mí!», no es, señora,
filigrana de hombre bajo.
(Sale SIGISMUNDO.)
CRISTERNA ¿Joyas y retrato? Pero
Sigismundo viene, al paso 915
le di que estoy yo aquí.
LESBIA (Turbada.)
Si él
te ve, él se irá.
CRISTERNA Haz lo que mando.
LESBIA Desde que está aquí he tenido
de que no me vea cuidado;
mas ya no es posible, ¡cielos! 920
¿Qué hará al verme? Entre estos cuadros
-fol. 108v-
Cristerna está. Vuestra alteza
no pase de aquí.
SIGISMUNDO Admirado
al verte, fiera enemiga,
primer causa de mis daños, 925
ausencia, prisión y muerte,
no sé cómo.
LESBIA Habla más bajo,
que en sabiendo que he venido,
a pesar de tus agravios
a darte la libertad, 930
(Aparte.)
(desta manera le engaño,
por obligarle a que no
descubra mi error pasado)
me estarás agradecido,
porque sé dónde está el paso 935
de una mina desa torre,
como quien desde sus años
primeros se crio aquí; pero
esto es para más espacio.
Vuélvete agora.
SIGISMUNDO ¿Qué fuera 940
que dispusieran los hados
mi antídoto en mi veneno?
Yo volveré a hablarte cuando
estés más sola.
(Vase.)
LESBIA Y yo, cielos,
ya que esto sucedió acaso, 945
pues con méritos no puedo,
le he de obligar con engaños.
CRISTERNA Y en fin, ¿es tan bella?
TURÍN Un día
que él estaba embelesado,
llegué queditito y vi 950
el más pernicioso trasto
que vio amor en su armería,
entre las flechas y rayos
de su munición.
CRISTERNA Pues bien,
¿qué se me da a mí? ¡Qué enfado 955
tan necio y impertinente!
TURÍN Ni a mí.
CRISTERNA Id a ver si ha llegado
(El clarín.)
vuestro amo, que ese clarín
y estas tropas de a caballo
quizá son suyas.
(Sale CASIMIRO.)
CASIMIRO No vayas; 960
yo responderé, besando
antes la tierra que pisas,
después, señora, tu mano,
si estas albricias merece
quien llegó, vio y venció, dando 965
feliz fin a la interpresa,
pues prisionera te traigo
a Auristela.
TURÍN Hasta aquí loco
estaba; ya está borracho.
¿A su hermana prisionera? 970
LESBIA Solo esto me había faltado.
¡Auristela aquí, Fortuna!
CRISTERNA Levantad, maese de campo,
y aunque debo agradeceros
dicha en que intereso tanto, 975
por lo menos de una queja
que tengo de vós, libraros
no podréis.
TURÍN ¡Que fuera, cielos,
que diera lumbre el retrato!
CASIMIRO ¿Queja de mí?
CRISTERNA Sí, de vós. 980
CASIMIRO ¿Qué es?
CRISTERNA Que no hiciésedes alto,
y enviásedes aviso
antes de entrar en palacio,
para que saliera yo
con mis festivos aplausos 985
a recibir, como debo,
tal huéspeda. Mas los brazos
suplan la falta.
CASIMIRO El deseo...
CRISTERNA No tratéis de disculparos.
Vós seáis muy bien venida. 990
CASIMIRO Llega, Auristela, y el llanto
deja, pues ves que mi muerte
o mi vida está en tus labios.
CRISTERNA Donde, aunque seáis prisionera,
seáis tan dueño de mi estado, 995
-fol. 109rcomo
de mi vida dueño.
([Aparte.]
¿Cómo desta suerte hablo
a sangre de mi enemigo?)
Mas una cosa es mi agravio
y otra mi vanidad.
AURISTELA ¡Cielos, 1000
que sea esto fuerza! La mano,
como a prisionera, solo
me dad.
(Abrázala.)
CRISTERNA ¿Qué hacéis? Levantaos
y pensad que en mí tenéis
([Aparte.]
el pecho me está temblando 1005
de cólera), no prisión,
sino albergue.
([Aparte.]
En el contacto
que comunica a mi pecho
la vil sangre de su hermano.)
AURISTELA De todos cuantos favores 1010
recibir de vós aguardo,
solo uno lograr espero.
CRISTERNA ¿Qué es?
AURISTELA Que la queja dejando,
pues yo doy por recibida
la pompa de reales faustos, 1015
sepáis que es quien prisionera
me trae a mí...
CASIMIRO ¡Estoy temblando!
AURISTELA Merecedor de más honores
que hacerle maese de campo,
porque es...
TURÍN Ahora caer se deja 1020
a plomo.5
CRISTERNA ¿Quién?
AURISTELA Quien me ha dado
más crédito con vencerme,
a costa de riesgo tanto,
que si fuera él el vencido;
porque, ¿quién tan temerario 1025
osara entrar en mi tienda?
¿Quién sacarme della en brazos?
¿Quién, a vista de mi gente,
sin acelerar el paso,
retirarse tan en sí, 1030
que a reparar mi desmayo
hiciese alto en la espesura?
Y así, en empeño me hallo,
porque vean que es su premio
el crédito de mi llanto, 1035
de que le honréis por mí misma,
aun más que por vós...
CRISTERNA Bien claro
argumento es del valor
saber honrar al contrario.
General, en vuestro nombre, 1040
de la caballería le hago.
CASIMIRO Tu mano beso, y la tuya
por tanto honor.
AURISTELA ¡Ha, tirano!
¿Creíste que había yo de ser
tan vil como tú?
CRISTERNA A mi cuarto 1045
venid, donde reparéis,
señora, susto y cansancio.
AURISTELA Con la merced que habéis hecho
a tan valiente soldado,
he descansado de todas 1050
mis fortunas.
CRISTERNA ¡Qué afectados
estremos!
TURÍN Entren a ver
callar una dama, a cuarto.
Señor, ¿qué aventura es esta,
que la toco y no la alcanzo? 1055
CASIMIRO Ni yo, porque no sé cómo,
Turín, pueda haberse hallado,
ni una mujer tan prudente,
ni un hombre tan desdichado,
que ella se alce con el nombre 1060
de constante, y él de vario.
(Vase.)
LESBIA ¿Quién creyera que Auristela
viniera por tan estraños
lances, donde Sigismundo
y yo?
(Sale SIGISMUNDO.)
SIGISMUNDO Oculto y retirado, 1065
sin saber qué novedad
tocó ese clarín, he estado
solo atento, Lesbia hermosa
([Aparte.]
¿Qué he de hacer? Alma, finjamos,
por ver si lo que por ella 1070
pierdo, por ella lo gano,
y huyendo de aquí pudiese
en la falta de su hermano
-fol. 109vir
a asistir a Auristela,
a quien ausente idolatro), 1075
solo atento, otra vez digo,
a hablarte, y pues has quedado
sola, dime cómo puede
hallar mi libertad paso.
LESBIA ¿Qué he de hacer, ya hecho el empeño, 1080
sino seguirle, callando
el que está Auristela aquí?
Que no es bien que el mal que paso
le dé ese gusto, si es gusto,
ni pena, si es pena.
(Sale AURISTELA.)
AURISTELA En tanto 1085
que Cristerna, a quien vinieron
a llamar para un despacho,
vuelve6, a mis solas, entre estos
mal entretejidos ramos
donde dijo que la espere, 1090
veré si puedo algún rato
suspirar conmigo. Flores,
deste verde cielo astros,
decidme... ¿Mas Sigismundo
no es aquel que está allí hablando 1095
con una dama? ¿Esto más,
Fortuna?
LESBIA Digo que andando
un día por esa torre,
siendo della castellano
mi padre, allá en mis niñeces, 1100
vi entre las ruinas del cuarto
último della una quiebra,
y supe...
AURISTELA Ireme acercando
por ver si entender pudiese,
oyendo a cautela, algo. 1105
Si es plática de amor...
SIGISMUNDO ¿Qué
te suspende?
LESBIA Hacia allí pasos
sentí, y las ramas se mueven.
Veré quién es. ¡Triste hado!
Auristela es.
AURISTELA ¡Hado injusto! 1110
¿No es Lesbia?
LESBIA Muda he quedado,
y así, huyendo della, solo
habré de hablarla callando.
(Vase.)
SIGISMUNDO Oye, aguarda, Lesbia: ¡No
el gusto con que escuchando 1115
te estoy dilates! ¿De quién
huyes?
(Al ir tras ella, sale AURISTELA.)
AURISTELA De mí.
SIGISMUNDO Cielos santos,
¿es ilusión del deseo?
AURISTELA ¿Cuándo fue ilusión el daño?
SIGISMUNDO La duda una viva estatua 1120
me deja de bronce y mármol.
AURISTELA De fuego y nieve a mí, no
la duda, sino el agravio.
SIGISMUNDO ¿Tú, Auristela, aquí? ¿Pues cómo
o cuándo veniste?
AURISTELA Ingrato, 1125
como vengo a ver mi ofensa,
no hay que averiguarme el cuándo.
En fin, con Lesbia te encuentro
diciendo, donde escucharlo
pude, ¡ha cruel!, que prosiga 1130
el gusto con que, ¡ha tirano!,
la estabas oyendo; bien
me pagas, sí, lo que paso
por ti, pues por ti he venido
a dar prisionera, en manos 1135
de mi enemiga.
SIGISMUNDO Bien dicen
que fuera el dolor amago,
si supiera venir solo.
¿Tú prisionera?
AURISTELA No caso
hagas de mi menor pena, 1140
cuando con Lesbia te hallo.
SIGISMUNDO Así enmendara yo esotra,
como esa enmendar aguardo.
A Lesbia hallé aquí y... Mas, cielos,
Cristerna viene.
AURISTELA No hablando 1145
te vea conmigo.
SIGISMUNDO Bien dices,
yo buscaré más espacio
ocasión en que conozcas
-fol. 110rque
te adoro y no te agravio.
(Vase.)
AURISTELA Mucho harás en persuadir 1150
a un corazón desdichado,
que cuando su mal no viera,
creyera a su sobresalto.
(Salen CASIMIRO y TURÍN.)
CASIMIRO Viéndote sola, no pierda
(pues tuerce Cristerna el paso, 1155
viniendo hacia aquí, a otra parte)
la ocasión en que, postrado
a tus pies una y mil veces,
ponga en su estampa mis labios.
TURÍN Y yo haga de sus tres puntos 1160
para mi rostro tres clavos,
con que andan frente y mejillas
como tres con un zapato.
(Vuelve SIGISMUNDO.)
AURISTELA No tienes que agradecerme
tú lo que yo por mí hago. 1165
SIGISMUNDO Hacia otra parte volvió
Cristerna, quizá buscando
a Auristela, y yo, por ver
si logro otro breve espacio,
vuelvo otra vez. Mas con ella 1170
hablando está aquel soldado
que, en fin, como aborrecido,
en cualquier parte le hallo.
Esperaré a que se vaya.
(Escóndese a una parte, y sale por la otra CRISTERNA.)
CRISTERNA Hacia aquí dicen que ha rato 1175
que me espera divertida
Auristela. Mas hablando
está el soldado con ella.
SIGISMUNDO ¿Qué será secreto tanto?
CRISTERNA ¿Qué su platica será? 1180
SIGISMUNDO Oigamos, alma.
CRISTERNA Alma, oigamos.
CASIMIRO Aunque obres tú por ti misma,
siendo yo el interesado,
¿no seré el agradecido?
AURISTELA No, villano, traidor, no, falso, 1185
porque aun agradecimiento
no quiero de tan villano
término, como conmigo
tiene tu alevoso trato;
pues por servir a Cristerna, 1190
a mí me ofendes, faltando
a tantas obligaciones.
CRISTERNA ¿Qué es lo que oigo?
SIGISMUNDO ¡Cielos santos!
¿Esto no es pedirle celos?
AURISTELA Y si en esta parte callo 1195
quién eres, es por vengarme
con estilo más hidalgo
del que un ingrato merece;
que no hay castigo a un ingrato
como hacerle un beneficio, 1200
cuando le espera un agravio.
SIGISMUNDO ¿Que calla quien es? Aquí
secreto hay que yo no alcanzo.
CRISTERNA ¿Que calla quien es? Sin duda
que es verdad lo que el criado 1205
dijo y yo temí. ¿Qué fuera
ser de Auristela el retrato,
y qué fuera que a sentirlo
llegara el imaginarlo?
CASIMIRO Por más que te enoje ver 1210
cuánto yo a esa deuda falto,
aun el día que te ofendo,
has de ver lo que te amo.
CRISTERNA ¿Que más claro ha de decirlo?
SIGISMUNDO ¿Cómo he de oírlo más claro? 1215
AURISTELA ¿En qué?
CASIMIRO En mi agradecimiento,
pues señora de mi estado,
alma y vida...
AURISTELA Calla, calla,
y si has de mostrarle en algo,
sea...
CASIMIRO ¿En qué?
AURISTELA En que con mi queja 1220
me dejes. Vete, tirano,
de mi vista, o yo me iré
de la tuya.
CASIMIRO Si te agrado
en eso, adiós.
AURISTELA Adiós.
-fol. 110v-
SIGISMUNDO Ten
la planta.
(Al entrarse cada uno por su puerta, topa AURISTELA con SIGISMUNDO, y
CASIMIRO con CRISTERNA.)
CRISTERNA Suspende el paso. 1225
AURISTELA ¿Quién aquí me estaba oyendo?
CASIMIRO ¿Quién me estaba aquí escuchando?
SIGISMUNDO Quien ya sabe tus traiciones,
pues sabe que ese soldado
es sujeto que merece, 1230
hallándole disfrazado,
que celos le pidas.
CRISTERNA Quien...
([Aparte.]
Disimule mi recato.)
... ha oído que un cargo os hace,
quien antes os dio otro cargo. 1235
AURISTELA Para que yo no hable en Lesbia,
buena ocasión te has hallado.
CASIMIRO Allí noble, aquí quejosa.
Satisfacer quiso a entrambos.
SIGISMUNDO ¿Qué ocasión, si...?
Mas, Cristerna... 1240
CRISTERNA ¿Sigismundo?
SIGISMUNDO Calle el labio.
CRISTERNA Sufra el alma.
CASIMIRO ¡Qué temor!
AURISTELA ¡Qué ansia!
CRISTERNA ¡Qué pena!
SIGISMUNDO ¡Qué agravio!
TURÍN ¡Buenas cuatro caras para
una máscara de a cuatro! 1245
CRISTERNA Por lo menos, Sigismundo,
no diréis que bien no os trato
en la prisión, pues a ella
tan buena visita os traigo.
SIGISMUNDO Sí, señora, mas no sé 1250
si con afectos contrarios
perdonaré el proprio gusto
a costa del proprio daño.
[Aparte.]
Corazón, disimulemos.
CRISTERNA Ignorado mal suframos. 1255
CASIMIRO No desconfiemos, penas.
AURISTELA Esperemos, desengaños.
TURÍN [Aparte.]
Viendo hablar a cada uno
entre sí, yo también hablo
entre mí. ¿Pero qué es esto? 1260
(Caja.)
CRISTERNA ¿Quién sin orden toca a bando
a esas puertas?
(Sale FEDERICO, y con él un paje armado con una rodela, y en ella un cartel, y
el otro en la mano.)
FEDERICO Quien habiendo
en presencia tuya hablado
en la lástima o cautela
de Casimiro, ha pensado 1265
modo con que de una vez
de aquesta duda salgamos...
TURÍN [Aparte.]
Miren con lo que ahora estotro
se viene, para enmendarlo.
FEDERICO Y es que, en fe de la venganza, 1270
en ese cartel le llamo
a público desafío.
Si es verdad que despeñado
murió, ¿qué hay perdido? Y si es
verdad que está retirado, 1275
es fuerza, siendo quien es,
que salga en sabiendo el bando,
pues no ha de querer, si vive,
quedar inhabilitado
de parecer nunca, viendo 1280
que yo, para averiguarlo,
le mato en el honor, mientras
en la vida no le mato.
Y porque en tu corte tú
seguro has de hacerle el campo, 1285
sitio que yo para que
juzguéis el duelo, señalo,
vengo a tomar tu licencia
para fijarle. Veamos
de una vez si es de infelice 1290
u de cobarde el recato
de no parecer, y si
yo sustento lo que hablo,
a cuyo efecto, porque
-fol. 111rseñalado
sitio y plazo 1295
(que las armas dél le tocan)
no pueda nunca ignorarlo,
te suplico que en tu corte
y en su corte publicarlo
mandes, para cuya instancia, 1300
como árbitro soberano,
que has de ser del desafío,
pongo el cartel en tus manos,
dejando su original
a las puertas de palacio. 1305
(Tocan y vanse, dejándola un papel.)
CASIMIRO ¡Cielos!, ¿qué oigo?
TURÍN Viendo estoy
en el color de mi amo,
que burlado se ha de hallar
este, si envida de falso.
(Vase.)
AURISTELA Yo me huelgo, pues si vive, 1310
verá qué ha de hacer mi hermano,
(Aparte.)
y llegará a Sigismundo
sin darle yo el desengaño.
(Vase.)
SIGISMUNDO Yo lo estimo, pues pondrá,
si vive, su honor en salvo, 1315
y yo, lo que debo hacer
de mis celos, veré en tanto.
(Vase.)
CRISTERNA Ya veis que siendo el que reta
Federico, y el retado
Casimiro, yo no puedo 1320
impedirlo, ni escusarlo;
pues no se niega en buen duelo
al noble que pide el campo.
CASIMIRO Sí señora.
CRISTERNA Pues de vós
fío este cartel, fijadlo. 1325
(Aparte.)
(Aquesto es disimular
que hice, en lo que oí, reparo.)
Rusia le ha de ver también
a puertas de su palacio.
CASIMIRO (Aparte.)
Nada entiendo, pues que vuelve 1330
a fiarme empeño tanto.
CRISTERNA A cuyo efecto, porque
os asista aquel vasallo
de la interpresa, os daré
cartas para él.
CASIMIRO Es escusado; 1335
que no me está bien llevarlas,
pues solo para esto basto.
Yo me prefiero a ponerle,
y veréis que presto traigo
respuesta, firme o no firme 1340
Casimiro.
CRISTERNA Yo la aguardo
con esperanzas de que
este último desengaño
nos dirá si vive o muere
traidor que aborrezco tanto. 1345
CASIMIRO Desdichado él, mas dichoso
quien en servir empleado,
mereció que pongáis siempre
los empeños a su cargo.
CRISTERNA Pagar un riesgo con otro 1350
es el premio del soldado.
CASIMIRO Pues id previniendo riesgos,
que aún quedan que pagar hartos.
CRISTERNA ¿Cómo?
CASIMIRO No puedo decirlo,
mas baste.
CRISTERNA Ni yo escucharlo. 1355
Id con Dios.
CASIMIRO Quedad con Dios.
CRISTERNA Vil recelo.
CASIMIRO Amor tirano.
CRISTERNA Considera que eres mío.
CASIMIRO Advierte que ya has llegado
a ver la cara al honor. 1360
CRISTERNA Y que yo más que yo valgo.
CASIMIRO Y que él ha de ser primero.
CRISTERNA Y así, en tanto...
CASIMIRO Y así, en tanto...
CRISTERNA ... que explica este dolor...
CASIMIRO ... que declara este pasmo... 1365
CRISTERNA ... esta ansia...
CASIMIRO ... esta duda...
CRISTERNA ... este
miedo...
CASIMIRO ... este asombro...
CRISTERNA ... este encanto...
CASIMIRO Aprisa, aprisa, desdichas.
CRISTERNA A espacio, penas, a espacio.
Jornada III
Salen CRISTERNA, LESBIA, NISE y FLORA.
CRISTERNA Dejadme todas; ninguna
quede conmigo.
LESBIA No así
de una tristeza te dejes
postrar, señora, y rendir.
CRISTERNA ¿Qué he de hacer, ay de mí, 5
si no hay más remedio
al sentir que el sentir?
FLORA Cuando tienes en tu mano
hacer tu reino feliz,
prisioneros a tus dos 10
enemigos, ¿deslucir
quieres con penas las dichas?
NISE Y más llegando a advertir
que de Casimiro no hay
nueva que pueda impedir 15
el capitular con ellos
cuanto quieras.
CRISTERNA Bien decís,
si pudiera yo escuchar
todo eso que puedo oír.
Dejadme, digo otra vez, 20
sola, que no hay para mí
compañía que no sea
soledad. Todas os id.
FLORA ¡Estraña melancolía!
NISE Mejor dirás frenesí. 25
LESBIA ¿Sabéis qué he pensado?
FLORA ¿Qué?
LESBIA Que podemos borrar...
NISE Di.
LESBIA ... la ley de que amor no sea
disculpa de nadie.
(Vanse las tres.)
CRISTERNA Aquí,
donde ya a mis solas puedo 30
desahogar y descubrir
el pecho con suspirar,
el corazón con sentir,
preguntarme a mí pretendo,
¿qué es lo que pasa por mí?, 35
que aunque yo misma, a mí misma,
no me lo sabré decir,
¿qué he de hacer, ¡ay de mí!,
si no hay más remedio al sentir, que el sentir?
¿Quién eres, ¡oh tú, ignorado 40
mal!, que con traidor ardid,
en los imperios de una alma
has sabido introducir
la más sediciosa plebe
de una batalla civil? 45
¿Quién eres, digo, no solo
otra vez, sino otras mil?
Que es mucho ignorar qué huésped
(mejor pudiera decir
qué áspid) es el que en el pecho, 50
o generosa admití,
o inadvertida abrigué,
que no acierto a distinguir
sus señas, porque tal vez,
noble, quiere persuadir 55
que es agradecido afecto
de mi vida, tal, que es vil
castigo de mi altivez,
equivocando entre sí,
con los embozos de noble 60
los desembozos de ruin;
en cuya duda no sé
ni desechar, ni elegir.
¿Qué importó que un estranjero,
en los trances de una lid, 65
me diese la vida? ¿Qué
que originase de allí,
envuelto en proprio y ajeno
raudal de húmedo carmín,
la prisión de Casimiro, 70
ni la vitoria? Y en fin,
¿qué importó que prisionera,
con el orden que le di,
a Auristela me trujese?
¿Ya no se lo agradecí 75
con puestos y con honores?
¿Pues qué tiene que añadir
-fol. 112rla
imaginación, si es
o no es lo que presumí,
para andarse vacilando 80
en haber llegado a oír
que Auristela quién es calla,
y que por servirme a mí
falta a sus obligaciones?
Y cuando todo sea así, 85
que él sea más y que ella sea
el alma de aquel matiz,
¿no es más para agradecido
que para culpado? Sí.
Pues bien, ¿qué me aflige? Pero 90
si aun no me dejo afligir,
¿qué he de hacer, ¡ay de mí!,
pues no hay más remedio al sentir que el sentir?
¿Mas, qué digo? ¿Dónde está
de mi espíritu gentil 95
la altivez? ¿Dónde el denuedo
de mi ánimo varonil,
ni dónde, cuando pretenda
de todo ese azul viril
(a instancia quizá de Venus, 100
deidad que no conocí),
familiar astro de amor,
agobiarme la cerviz,
hasta quien tomar merezca
mi influjo a su cargo?
(Sale CASIMIRO, con un papel.)
CASIMIRO Aquí. 105
CRISTERNA Siempre han de ser unas voces
oráculo para mí.
CASIMIRO ¿En qué, señora, os ofende
quien os sirve, que aún no oís
que aquí la respuesta está 110
de aquel orden con que fui?
CRISTERNA ¿Quién os ha dicho que yo
me ofendo? Que antes, decir
que sois mi oráculo es
mostrar que siempre venís 115
a dar respuestas que son
sus oficios.
CASIMIRO Siendo así,
y que a oráculos les toca
responder y no argüir,
llegué a Rusia, entré en su corte, 120
y disfrazado advertí
el general desconsuelo
de ver perdidos...
CRISTERNA Decid.
CASIMIRO ... a Auristela y Casimiro.
(Aparte.)
Y es verdad, que Arnesto así 125
lo dijo a quien me fíe,
y a quien mandé prevenir
cómo he de entrar en Suevia.
CRISTERNA Y en fin, ¿qué os suspende?
CASIMIRO En fin,
divino el sol, transcendiendo 130
los términos del cénit,
a los del nadir pasando,
en cuyo opuesto confín,
al ir sepultando luces,
panteones de zafir, 135
a palacio llegué, donde
pude grabar y esculpir
en sus láminas de acero,
haciendo el puñal buril,
el cartel. Amaneció 140
fijado, en cuyo sentir
varios juicios hizo el pueblo,
sin que ninguno de allí
le quitase. Pero apenas
pudo a otro día salir 145
la aurora, dorando hermosas
nubes de rosa y jazmín,
cuando en festivo concurso
de alborozado motín,
a las puertas del palacio 150
veo el vulgo concurrir,
diciendo unos y otros...
(Dentro voces.)
UNOS Suya
es la letra.
OTROS No es.
CRISTERNA Oíd,
que el mío también parece,
-fol. 112vque
en igual tumulto ahí 155
viene concurriendo a tropas,
a ver qué suerte. Id.
(Sale FEDERICO.)
FEDERICO Como más interesado
yo te lo vengo a decir,
en que haya qué merecer, 160
ya que no qué conseguir.
Sobre el fijado cartel
que a aquesos umbrales di,
ha amanecido otro, en que
Casimiro oigo admitir 165
el duelo, siendo las armas
que nombra para reñir,
desabrochados los pechos,
espadas y dagas sin
guarnición, porque no haya 170
reparar, que no sea herir.
En cuya novedad ves
unos y otros discurrir
en si es su letra o no.
CASIMIRO Esto
es, señora, proseguir 175
lo que iba diciendo yo;
y lo que puedo añadir
es que el cartel que fijado
allá amaneció rompí
la7 otra noche para que, 180
pudiendo traerle aquí,
constase dél, cuán cabal
con todo el orden cumplí
que me disteis.
CRISTERNA ¿Cuándo vós
menos airoso venís? 185
¡Pluguiera al cielo que algo
errárades!
CASIMIRO Advertid
que es daros por no servida
querer que entre a servir.
CRISTERNA Es que hace infeliz al dueño 190
el que sirve tan feliz,
que atrase los galardones.
CASIMIRO ¿Eso es honrar o reñir?
CRISTERNA No sé, pero ¿quién podrá
con más certeza decir 195
si es esta su firma?
(Sale AURISTELA.)
AURISTELA Yo,
que en el instante que oí
que responde, a saber vengo
si es verdad.
CRISTERNA ¿Y es ella?
AURISTELA Sí.
Tan suya es, señora, que 200
jurara que desde aquí
le estaba mirando yo
cuando él la llegó a escribir.
Y así, en albricias, a quien
con este pliego venir 205
pudo, esta pequeña joya
que acaso reservó en mí
el adorno, con licencia
tuya he de darle. Admitid
el don de una prisionera, 210
en premio de que venís
con nuevas, que Casimiro
vivo está, para acudir
a su honor.
CRISTERNA Yo nada os doy
por ahora, si advertís 215
que no sé si es vivir él
gozo o pena para mí:
pena porque viva, o gozo
que viva para morir;
y así ahora suspendo el premio. 220
FEDERICO A ninguno más que a mí
toca, pues soy yo a quien trae8
esta ocasión de lucir;
pero el que yo os he de dar
se ha de cifrar el pedir. 225
CASIMIRO ¿Qué me mandáis?
FEDERICO Que me honréis
de mi padrino en la lid.
CASIMIRO Fuera el más supremo honor
que pudiera conseguir
mi humildad; mas perdonadme, 230
-fol. 113ros
suplico no admitir
tan grande favor.
CRISTERNA ¿Por qué?
CASIMIRO Porque el haber vuelto aquí,
ha sido solo por dar
entera cuenta de mí, 235
haciendo falta en mi patria,
donde me es forzoso ir
a toda prisa.
CRISTERNA ¿Qué os mueve?
CASIMIRO Un papel que recibí,
en que me llaman, señora, 240
empeños a que acudir,
quizá de mi honor también;
y no puedo, siendo así,
dar de padrino palabra;
mas si pudiere venir, 245
la doy de hallarme en el duelo.
CRISTERNA (Aparte.)
(Aquí es forzoso fingir.)
Y en fin, ¿os vais?
CASIMIRO Sí señora.
CRISTERNA ¿Y cuándo os pensáis partir?
CASIMIRO Al instante.
CRISTERNA El cielo os lleve 250
con bien, y lleve, ¡ay de mí!,
todas mis penas con vós.
(Vase.)
CASIMIRO Él os haga tan feliz,
que no os sirva con error
quien no os sirve con servir. 255
FEDERICO Ya que, Casimiro, es fuerza
que al duelo haya de asistir,
prevendré lo que me toca,
que es por dónde ha de venir,
tenerle hecho el hospedaje 260
y salirle a recibir
y festejarle, hasta que
el día publique el fin
de mi vida o de mi muerte.
(Vase.)
AURISTELA ¿Cómo te sabré decir, 265
cuánto agradecida, al ver
que trates de descubrir
el rostro al empeño, estoy?
CASIMIRO ¿Pues pudiste presumir
nunca que a trances de honor 270
habían de preferir
los de amor? Tú verás cómo
vuelvo, Auristela, a cumplir
mi obligación, y verás
qué hace esta fiera de mí, 275
al ver que yo la obligué,
siendo yo quien la ofendí.
(Sale TURÍN.)
TURÍN Ya cuanto a Arnesto mandaste
en la entrada prevenir,
viene marchando, señor. 280
CASIMIRO Pues vamos presto, Turín.
Adiós, Auristela.
AURISTELA ¡Quién
con los brazos influir
pudiera su corazón
en tu pecho!, porque así, 285
lidiando con dos, tuvieras
ese más para la lid,
aventurando primero
el mío que el tuyo.
(Abrázanse, y sale SIGISMUNDO.)
SIGISMUNDO ¿Qué vi,
cielos? ¡Los brazos le ha dado! 290
¿Cómo es posible sufrir
igual dolor, sin que todo
se pierda, pues la perdí?
Disfrazado aventurero,
a quien hizo tan feliz 295
o su amor o su fortuna,
cuanto desdichado a mí;
saca la espada, que aunque
pudiera matarte aquí
sin esta salva, no quiero 300
que esta fiera presumir
pueda, que el ser vil su ofensa
hizo mi venganza vil.
TURÍN ¿Quién en el mundo a un hermano
celos le llegó a pedir? 305
AURISTELA Tente, Sigismundo no
contra él la espada, ¡ay de mí!,
saques.
SIGISMUNDO Que tú le defiendas
me obliga más.
CASIMIRO Pues de mí
-fol. 113vtenéis
experiencias que 310
no lo era, por no reñir;
creed que hay causa que me mueva,
cuerdamente, a reprimir,
siendo quizá el ofendido
vuestra cólera; y así, 315
hasta ocasión en que os pueda
satisfacer, remitid
este empeño.
SIGISMUNDO ¿Qué ocasión,
y más cuando llegó a oír
que el ofendido sois vós, 320
que es lo mismo que decir
que sois el favorecido?
Sacad la espada y reñid,
o no la saquéis, que yo
con avisaros cumplí. 325
CASIMIRO Para defenderme solo
la sacaré.
AURISTELA Ya es aquí
necio el silencio. Detente,
Sigismundo, porque a mí...
(Sale CRISTERNA.)
CRISTERNA ¿Qué es esto?
ARISTELA Ya no es posible 330
«porque es mi hermano» decir.
TURÍN Como iba a cantar en solfa,
quedose la sol en mí.
CASIMIRO Dicha fue.
SIGISMUNDO ¡Qué ansia!
AURISTELA ¡Qué pena!
CRISTERNA ¿Qué es esto?, digo.
SIGISMUNDO Esto es ir, 335
uno a morir y matar,
y aun no lograr el morir.
(Vase.)
CRISTERNA Decid vós qué ha sido.
CASIMIRO Menos
lo sé yo, si no es...
CRISTERNA ¡Decid!
CASIMIRO ... ser el tropiezo de todos 340
la vida de un infeliz.
Y pues que, para no serlo,
no hay más remedio que huir
el rostro a todo, quedad
con Dios.
CRISTERNA Ved, mirad, oíd. 345
CASIMIRO Perdonad, que voy a acertar
cuanto intente desde aquí,
y ha de ser mi primer yerro
ni ver, ni mirar, ni oír.
(Vase.)
CRISTERNA Decid vós.
TURÍN No digo, ni hago; 350
que soy un mirón tan vil
de los garitos de amor,
que sin hacer, ni decir,
dependo de suerte de otros,
donde a merced de un cuatrín, 355
traigo mi vida en un tras,
y mi caudal en un tris.
(Vase.)
CRISTERNA En fin, Auristela, ¿nadie
me dice qué es esto?
AURISTELA Sí.
Sigismundo, que conmigo 360
hablaba, oyendo que fui
dese ignorado estranjero
presa, siéndole adalid
de aquella interpresa, tanto
le aborreció, que al oír 365
que se ausentaba, no pudo
consigo mismo sufrir,
sin que su ofensa y mi ofensa
vengase, verle partir;
y así, ciego...
CRISTERNA Bien está, 370
y aunque debiera sentir
verle exceder las licencias
de prisionero, hay en mí
valor para tolerar
mayores quejas.
AURISTELA ¡Oh, si 375
la vuelta de Casimiro
pusiese a todo esto fin!
(Vase.)
CRISTERNA ¿Qué será (¡valedme, cielos!)
lo que me quieren decir
este lance y esta ausencia? 380
Pero ¿a quién mejor que a mí
están, pues acabaré
de una vez de discurrir?
¿Qué he de hacer, ¡ay de mí!,
cuando no hay más medio? 385
-fol. 114r-
(Dentro, el clarín.)
¿Pero qué clarín
es este?
(Sale LESBIA.)
LESBIA Si quieres ver,
señora, el mejor jardín
que en los campos del aurora
bosquejar supo el abril, 390
por más que vario mezclase
en uno y otro matiz,
los claveles ciento a ciento,
los jazmines mil a mil,
ponte en ese mirador, 395
verás la esfera pulir
de la plaza de palacio,
el más hermoso pensil
de plumas y de coletos,
que vio el sol, desde turquí 400
campo azul, adonde fénix
de la Arabia de zafir,
o muere para nacer,
o nace para morir.
La recámara es, señora, 405
de Casimiro, en quien vi
cifrar sus púrpuras Tiro,
y sus madejas Ofir;
porque en numerosa tropa,
bruto no hay a quien cubrir. 410
No verás de mil bordados
paramentos, que en sutil
dibujo orlan los blasones
de sus armas, siendo así
que la plata que derraman, 415
ya el jirón, y ya el perfil,
las planchas y los barrotes
la tomaron para sí;
en cuya correspondencia,
nácar y plata vestir 420
verás la familia, siendo...
CRISTERNA No tienes que proseguir
los lucimientos con que
vendrá, pues son para mí
lutos de aquellas exequias. 425
(Sale FLORA.)
FLORA Si te quieres divertir,
no dejes de ver, señora,
en bosquejado país,
la segunda primavera
a la primera seguir. 430
La caballería es
la que, ocupando el confín
del terrero, deja al sol
deslucido de lucir;
pues tanta es la pedrería 435
del menos rico terliz,
que le vuelve los reflejos
cobardes de competir,
por lo blanco los diamantes,
por lo rojo los rubís. 440
El de más bagaje...
CRISTERNA Calla,
que parece que venía
unidas a encarecer
lo que tengo de sentir.
(Sale NISE.)
NISE Un anciano caballero, 445
que de una carroza agora
se apea, pide, señora,
licencia de hablarte.
CRISTERNA Hoy muero
de varios temores llena.
Dile que entre. ¿No bastaba 450
ver que una pena acababa
sin que empezase otra pena?
(Sale ARNESTO.)
ARNESTO Deme vuestra majestad,
señora, a besar su mano,
pues me dio el cielo, no en vano, 455
esta dicha.
CRISTERNA Levantad
y decid lo que queréis.
ARNESTO El gran duque Casimiro,
que tuvieron en retiro
causas que al verle sabréis, 460
de Federico retado,
con su obligación cumpliendo,
ya al duelo viene, y habiendo
-fol. 114va
vuestra corte llegado,
no por la seguridad, 465
sino por la cortesía
(pues bien claro está que el día
que hizo vuestra majestad,
como árbitro soberano,
seguro el campo, no queda 470
recelo que temer pueda),
por mí, vuestra blanca mano
humilde besa; y en muestra
del gran respeto que os guarda,
para presentarse aguarda 475
segunda licencia vuestra.
Ley es en todo buen duelo
que el que a responder se ofrezca,
ante el árbitro parezca,
donde salvando el recelo 480
de que otro salga por él,
de ser él mismo presente
testimonio, y juntamente
jure al tenor del cartel,
que solo viene movido 485
del empeño de su honor,
sin traer en su favor
a nadie, ni conmovido
tener el pueblo, ni haber
de caracteres usado 490
pacto o nómina, ayudado
del ilícito poder
de vaga superstición,
y que en las armas que tray9
ninguna ventaja hay, 495
pues de iguales temples son
peso y marca, a cuyo intento
licencia de parecer
pide ante vós, para hacer
el usado juramento. 500
CRISTERNA Si pensara lo que había
de sentir el que viniera
donde le hablara y le viera,
nunca la cólera mía
hubiera dado lugar 505
a que le viera y hablara;
mas ya que en esto repara
tan sin tiempo mi pesar,
que la licencia le ofrezco,
le decid. Mal me reprimo, 510
pues cuando huye lo que estimo,
se acerca lo que aborrezco.
(Vase.)
(Salen por una parte FEDERICO y por otra
SIGISMUNDO.)
FEDERICO ¿Sois vós el que venir miro
de Casimiro enviado?
SIGISMUNDO ¿Sois vós el que habéis llegado 515
de parte de Casimiro?
ARNESTO Sí, yo soy. ¿Qué me mandáis?
SIGISMUNDO Hablad vós, señor, primero,
que yo retirado espero.
FEDERICO No hay para qué; y pues me dais 520
licencia de que hable yo,
que le digáis, os suplico,
que el príncipe Federico
a recibirle salió.
Y puesto que no ha tenido, 525
noblemente cortesano,
dicha de besar su mano,
que sea muy bien venido;
y que sepa que en mi casa
tiene hecho el aposento, 530
adonde servirle intento,
mientras del término pasa
el plazo que tomar quiera;
pues toca a su bizarría
dentro dél nombrar el día. 535
ARNESTO Si Casimiro supiera
que habíades de salir,
no hubiera determinado,
atento al justo cuidado
de hacer la salva y pedir 540
licencia a Cristerna, entrar
de secreto; y siendo así
que disculpado hasta aquí
quede, en cuanto al aceptar
vuestro hospedaje, yo haré 545
-fol. 115rque
le dé por recibido,
porque el orden que ha traído
más conforme a su deseo,
es, señor, aposentalle
al pie de aquesa montaña, 550
en sus tiendas de campaña.
Y así habréis de perdonalle,
que en ella os veréis los dos.
FEDERICO A mí me toca hospedar
a él, despedir o aceptar. 555
Quedad con Dios.
(Vase.)
ARNESTO Id con Dios.
¿Qué es lo que vós me mandáis?
SIGISMUNDO Que de mi parte también
le llevéis el parabién
de su venida, y digáis 560
que por estar prisionero,
no voy a ser su segundo.
ARNESTO ¿Quién diré sois?
SIGISMUNDO Sigismundo.
ARNESTO Una y mil veces espero
besar vuestros pies.
SIGISMUNDO Alzad, 565
y como posible sea,
cuanto antes pueda me vea,
le decid que hay novedad
que importa tratar los dos,
sin que otro delante esté. 570
ARNESTO De esa suerte lo diré;
quedad con Dios.
(Vase.)
SIGISMUNDO Id con Dios.
Ya que tan infeliz fui,
que Cristerna embarazó
mi venganza, y se ausentó 575
el que tan dichoso vi,
a Casimiro diré
le haga seguir y matar,
pues yo no puedo, hasta dar
venganza a mi honor, sin que 580
le diga de mis agravios
más que la prisión. ¿Quién, cielos,
les dio poder a los celos
para cerrarme los labios?
Bueno es que tenga una fiera 585
licencia para agraviar,
y que haya de honestar
yo su traición, de manera
que la ruindad que me obliga
a que otro la satisfaga, 590
no lo es porque ella la haga,
sino porque yo la diga.
¿Qué ley, que fuero, qué fe
tales privilegios da
a la mujer?
(Sale LESBIA.)
LESBIA Aquí está 595
Sigismundo.
SIGISMUNDO ¿Pues por qué,
Lesbia, el paso tuerces? ¡Cielos,
a qué buen tiempo viniera
hoy su aviso, si pudiera
con él seguirle!
LESBIA Recelos 600
de que Auristela me vea
contigo, me hacen volver.
SIGISMUNDO Oye, que importa saber
hoy, más que nunca, cuál sea
el paso que le ha ofrecido 605
a mi libertad tu amor.
(Sale AURISTELA.)
AURISTELA [Aparte.]
Que estaba el embajador
aquí de mi hermano he oído,
y a hablarle y saber quién fue
vengo. Pero Lesbia está 610
con Sigismundo.
SIGISMUNDO Y no ya
pena, Auristela, te dé,
que no importa que conmigo
te vea, que ya su amor
no es amor, y en tu favor 615
mi vida está.
AURISTELA [Aparte.]
¿Yo testigo,
aunque sea parte y juez?
LESBIA [Aparte.]
Pues hubo otra vez de estar
tan a mano mi pesar,
huya su vista otra vez. 620
(Vase.)
AURISTELA Oye.
SIGISMUNDO Seguirla es en vano.
AURISTELA ¿Por qué, falso, aleve, infiel?
SIGISMUNDO Mudable, fiera, crüel,
porque no hay a qué.
-fol. 115v-
AURISTELA ¡Ha tirano!
¿Podrasme negar agora 625
que ya mi amor no es amor,
y tu vida en el favor
de esa injusta fee traidora
está?
SIGISMUNDO Que lo dije no
podré negar; mas pudiera 630
dar satisfación que fuera
bastante para que yo,
de haberlo dicho, quedara
más fino contigo. Pero
aun eso tampoco quiero; 635
que es hidalguía muy cara
la que a un hombre ha de costar,
quejoso de una mujer,
el quitar en su placer
los caudales del pesar. 640
AURISTELA Quien de satisfacer deja,
por vengar su queja, oirás
al cuerdo, que no hace más
que echar a perder su queja.
SIGISMUNDO Aun bien que tu tiranía, 645
porque más cruel se arguya,
no echará a perder la suya
por satisfacer la mía.
AURISTELA ¿Por qué?
SIGISMUNDO Porque no podrá.
AURISTELA ¡Pluguiera al cielo no fuera 650
tan clara, que aunque no quiera
la has de ver!
SIGISMUNDO Tarde será.
AURISTELA No mucho.
SIGISMUNDO ¿Cómo?
AURISTELA No sé,
que no tengo de abreviar
tu pesar a mi pesar. 655
SIGISMUNDO Todo es enigma que
anda disfrazando errores.
AURISTELA Es otro ir tomando plazos.
SIGISMUNDO Yo te vi en ajenos brazos.
AURISTELA Yo te oí decir favores. 660
SIGISMUNDO Quizá tuvo otra intención.
AURISTELA Quizá tuvo otro sentido.
SIGISMUNDO Yo oí tu agravio y mi olvido.
AURISTELA Yo oí mi olvido y tu traición.
SIGISMUNDO No es malo imitarme el modo. 665
AURISTELA Ni tus agravios son malos.
(TURÍN sale.)
TURÍN A costa de cuatro palos,
por Dios, que lo he de ver todo.
(Las chirimías y cajas.)
Los dos. ¿Qué es eso?
TURÍN Que Casimiro
entrando viene en palacio, 670
y en el siempre ameno espacio
de su florido retiro,
Cristerna, bien que a pesar
de lo que lo ha de sentir,
le ha salido a recibir. 675
Y yo, deseándome hallar
en todo sin que me dé
miedo una y otra alabarda,
mequetrefe de la guarda,
por un lado me escapé; 680
como el que sin ser señor
entrada tiene, no tanto
por mejor título, cuanto
porque arrempuja mejor.
Ya llega.
(Chirimías.)
AURISTELA Nunca llegara. 685
SIGISMUNDO ¿Temes que oiga tu traición?
AURISTELA Temo la satisfación
que no mereces.
TURÍN ¿Qué cara
pondrá Cristerna al mirar
que el soldado es Casimiro? 690
SIGISMUNDO Aquí a ver y a oír me retiro.
AURISTELA Yo a ver, oír y callar.
(Las chirimías, cajas y clarines, y por una parte
CRISTERNA, damas y FEDERICO. Por otra,
CASIMIRO, ARNESTO y acompañamiento.)
CRISTERNA [Aparte.]
En fin, Fortuna, has rodeado...
CASIMIRO [Aparte.]
En fin, Fortuna, has sabido...
CRISTERNA [Aparte.]
... hacer que el que he aborrecido... 695
CASIMIRO [Aparte.]
... hacer que la que he adorado...
CRISTERNA [Aparte.]
... haya a mi vista llegado.
CASIMIRO [Aparte.]
... haya de saber quién soy.
-fol. 116r-
CRISTERNA [Aparte.]
Muerta llego.
CASIMIRO [Aparte.]
Ciego voy.
CRISTERNA [Aparte.]
¡Qué temores!
CASIMIRO [Aparte.]
¡Qué recelos! 700
Humilde a vuestros pies...
CRISTERNA [Aparte.]
¡Cielos!,
¿qué es lo que mirando estoy?
CASIMIRO Despojo, antes que trofeo,
yace el duque Casimiro.
CRISTERNA [Aparte.]
Otra y mil veces me admiro. 705
FEDERICO [Aparte.]
¿No es el soldado el que veo?
SIGISMUNDO [Aparte.]
Mis venturas dudo y creo.
AURISTELA ¿Quietote ya el que te dio
celos?
SIGISMUNDO Sí.
AURISTELA Pues a mí no.
LESBIA ¿Este no es el estranjero 710
que servía aventurero?
TURÍN Y si no, dígalo yo.
CASIMIRO A todos admira ver
que hoy el que era ayer no soy,
como si estas plantas hoy 715
no fueran señas de ayer.
Y para satisfacer
que en mí no hay mudanza alguna
de mi fortuna importuna,
dije ser soldado. Pues 720
¿en qué mentí? ¿Qué rey no es
un soldado de fortuna?
Ella fue la que de mí
triunfó el día que triunfé,
no digo porque os amé, 725
pero digo porque os vi.
Si dichoso os ofendí,
desdichado lo he llorado;
porque, ¿qué más desdichado
que el que, a un delirio rendido, 730
dio fuerza al haber creído
que se hubiese despeñado?
Deste error, si es que fue error
ocultarme donde fuera
el valor el que me diera, 735
no que impidiera el valor,
causa de vuestro rencor,
que viendo cuanto ofrecía
al que la persona mía,
viva o muerta os entregara, 740
no quise que otro lograra
la dicha que yo perdía.
Y así, al ver que la ley era
excepción, falté, no tanto
porque a muchos temí, cuanto 745
porque uno no os mereciera;
y para que no pudiera
dar nadie temor en mí,
vós sabéis cómo os serví,
sin que yo os acuerde que 750
aquí Segismundo esté,
ni que esté Auristela aquí.
Pues para que sea verdad
el que os pudo dar mi fe,
vida y libertad, quedé 755
sin vida y sin libertad,
en cuya felicidad
toda mi vida viviera,
si a mi honor tal voz no diera
de Federico el valor, 760
que me obliga a que mi honor
le responda, aunque no quiera.
Y pues fe a vós, a él y a Dios
de ser yo ha de dar mi vida,
séanlo una y otra herida, 765
que he recibido por vós.
Y si al duelo de los dos
he de jurar no traer
ventaja, déjese ver
en que no la traerá, creo, 770
quien viene con más deseo
de morir que de vencer.
CRISTERNA De Casimiro ofendida
y de un soldado obligada,
tanto contra el uno airada, 775
cuanto al otro agradecida,
también estuvo mi vida
ayer; mas hoy, viendo, ¡ay Dios!,
que el uno y otro sois vós,
-fol. 116vno
hallo mérito en ninguno, 780
pues no obliga como uno
quien ofende como dos.
Y dejando el ceño duro,
con que, Casimiro, os miro,
pues ya como Casimiro, 785
en fee estáis de mí seguro,
como soldado procuro
culparos, sin que bajeza
parezca de mi grandeza;
pues declarada en mi daño 790
fineza que hizo engaño, y
no es engaño y no es fineza.
Demás, que si alguna hicisteis,
mi valor desempeñasteis
con los puestos que ocupasteis, 795
los honores que adquiristeis.
Luego, si ya conseguisteis
su premio, y con él se aleja
la obligación, libre deja
el campo a mi indignación; 800
pues pague la obligación
para que cobre la queja.
¿Qué cosa es que vós, conmigo
doble, oséis hacer que viva
tan ciega, que el bien reciba 805
de mano de mi enemigo,
y que a un frenesí, testigo
de vuestro despeño hagáis,
siendo, cuando publicáis
el fin con que me servís, 810
allá donde le fingís
y aquí donde os despeñáis?
Y pues es fuerza, al miraros
a vós, de vós distinguiros,
Casimiro, he de admitiros, 815
soldado, he de castigaros.
¡Hola!
(Salen SOLDADOS, con armas.)
SOLDADO 1.º ¿Qué quieres?
CRISTERNA Mandaros
que al que mi seguro he dado,
guardéis, no al que me ha engañado;
y pues en uno a dos miro, 820
respetando a Casimiro,
prended aqueste soldado.
(Aparte.)
Desta manera he de ver
si el duelo estorbar pudiese,
que aunque aborrezco su vida, 825
no sé si sienta su muerte.
SOLDADO [1.º] Daos a prisión.
FEDERICO Deteneos,
y nadie a él llegar intente
sin que primero me mate.
CRISTERNA ¿Tú contra mí le defiendes? 830
FEDERICO Sí, señora, porque día
que vino de mis carteles
llamado, me toca a mí,
o péseme o no me pese
saber quién es y a quién ama, 835
que se le guarden las leyes
del seguro que firmé.
CRISTERNA Yo no prendo, si lo adviertes,
a Casimiro, sino
a un traidor, soldado aleve, 840
que me ofende y que me engaña.
FEDERICO Mi mismo argumento es ese,
que no defiendo tampoco
yo a soldado que te ofende,
sino a Casimiro, que es 845
quien de mi llamado viene.
SIGISMUNDO Y yo a tu lado, en tan noble
demanda, es justo que arriesgue
honor y vida.
TURÍN A mí y todo
toca a su lado ponerme. 850
¿Pero qué criado hace
lo que le toca?
AURISTELA Pendiente
de igual trance estoy.
CRISTERNA ¿Pues cómo
el fuero a romper te atreves
de la prisión?
SIGISMUNDO Como tú 855
la consecuencia me ofreces;
pues tampoco el fuero guardas
del seguro que prometes.
CRISTERNA No ha mucho que yo te vi
solicitando su muerte. 860
-fol. 117r-
SIGISMUNDO Quizá la queja de entonces
en esta duda se vuelve.
CRISTERNA (Aparte.)
Ya sé por qué, y no hago mucho,
que lo mismo me acontece
en ciertas sospechas que 865
se ganan cuando se pierden.
¿Pero qué esperáis? Haced
lo que os mando.
LOS DOS Nadie llegue.
CASIMIRO Bien pusiera ambos empeños
yo en paz con dejar prenderme, 870
porque de una vez en mí
uno y otro enojo vengues;
mas no me atrevo, señora,
porque temo que alguien piense
que es por escusar el duelo; 875
y así es forzoso ponerme
en defensa.
ARNESTO Allí el caballo,
señor, que trujiste tienes;
ponte en él, pues en faltando
tú, no hay riesgo que no cese. 880
(Vase.)
CASIMIRO Dices bien, y no es huir
aquesto cobardemente,
que quien por lidiar no lidia,
solo estraña el que se cuente,
si hay quien huyó de cobarde, 885
que hay quien huya de valiente.
(Vase.)
FEDERICO No he de perderle de vista,
hasta que en salvo le deje.
(Vase.)
SIGISMUNDO Ni yo a ti, ya que a tu lado
me vi una vez.
(Vase.)
TURÍN Sean ustedes 890
testigos, que hay amo que huya
y lacayo que se quede.
(Vase.)
CRISTERNA Seguidle, a pesar de entrambos,
hasta matarle o prenderle.
SOLDADO [2.º] Tu orden obedezcamos. 895
CRISTERNA No os quiero tan obedientes.
Esperad, no le sigáis,
¡ay de mí, infeliz!, que ese
es a quien mi honor la vida,
libertad y fama debe. 900
¿Pero qué digo? Seguidle,
que es también contra quien tiene
hecho mi honor homenaje.
AURISTELA No del agravio te acuerdes,
pues puedes del beneficio. 905
CRISTERNA Nada me digas, pues eres
tú causa de todo.
AURISTELA ¿Yo?
CRISTERNA Sí, pues abatidamente,
cobarde, tímida, humilde,
no osaste decir quién fuese 910
quien prisionera te trujo.
AURISTELA Si cuando tu indulto tiene
no está seguro, ¿qué fuera
cuando no le tenía?
CRISTERNA Ese,
entonces, fuera otro lance 915
menos público.
AURISTELA No eches
a perder el ejemplar
de que callen las mujeres,
que si yo tengo la culpa,
podrá ser que yo la enmiende. 920
CRISTERNA ¿Cómo?
AURISTELA El efecto lo diga,
pues su familia y su gente
es fuerza a estar a mi orden.
(Vase.)
CRISTERNA Tenedla, no infiel, no aleve,
tanto séquito amotine; 925
mas dejadla, que se pierde
tiempo de seguirle a él,
y no es justo que se ausente
a mi pesar. Mas si es justo,
dejad que se vaya y lleve 930
consigo mis confusiones.
TODOS ¿Qué nos mandas finalmente?
CRISTERNA Que a mí me deis un caballo,
pues hallándome presente,
yo al empeño de seguirle 935
y al duelo de defenderle,
probaré entre dos afectos
tan poderosos, tan fuertes
como odio y amor, cuál es
el vencido, o el que vence. 940
(Va[n]se ella y los soldados.)
-fol. 117v-
LESBIA Sigámosla todas, no
hoy la dejemos.
(Vase.)
(Salen SIGISMUNDO, FEDERICO y CASIMIRO.)
FEDERICO En este
retirado sitio, donde
no es fácil que nos encuentren,
esperemos algún rato 945
que los caballos alienten.
SIGISMUNDO Bien lo han menester, según
en su ligereza exceden
al mismo viento.
CASIMIRO Yo estimo
la tregua, porque aproveche 950
su plazo en daros las gracias
de igual fineza.
SIGISMUNDO No tienes
que agradecerme a mí, pues
el día que sé quién eres,
y que tus yerros doró 955
amor, es fuerza que cesen
todas mis quejas.
FEDERICO Ni a mí;
que nadie a mí me agradece
lo que me debo a mí mismo.
Y porque veas que tiene 960
haber dicho que paremos
segunda intención, atiende.
Yo, Casimiro, he pensado
que no es justo que se cuente,
ni que yo desafié, 965
ni que tú saliste, y piense
algún cobarde (que nunca
piensa mal el que es valiente)
que agradecidos quizá
a tantos inconvenientes, 970
yo me quedo sin reñir,
y tú sin reñir te vuelves.
Y así, pues que Sigismundo
es quien es, y nadie debe
más que él mirar por tu honor, 975
y mi honor que esté presente
poco importa, pues podrá
mirarnos reñir.
SIGISMUNDO Si hubiese
un segundo, con quien yo
sacar la espada pudiese, 980
nunca sin reñir mirara
reñir; mas puesto que haberle
no es posible, seré de ambos
padrino, que a partir llegue
el sol y las armas mida. 985
CASIMIRO Aunque mi valor suspende,
seros deudor de fineza
tan hidalga, me parece
que no falto al ser quien soy
riñendo con vós, pues pende 990
una acción de otra; y así,
mi espada y mi pecho es este.
FEDERICO Y este mi pecho y mi espada.
SIGISMUNDO Pues ya, porque no me lleve,
como al que mira jugar, 995
el afecto de la suerte,
la espalda os vuelvo. Reñid.
CASIMIRO ¡Qué animoso!
FEDERICO ¡Qué valiente!
¡Válgame el cielo!
SIGISMUNDO ¿Qué ha sido?
FEDERICO Tropecé y caí.
SIGISMUNDO Detente. 1000
Déjale que se levante.
CASIMIRO ¿Tú lo que he de hacer me adviertes?
Contigo riñera agora
mejor que con él mil veces.
Levantad y reparad 1005
del acaso.
FEDERICO Nada debe
ya vuestro valor al mío.
CASIMIRO No esto agradecido os muestre;
que lo que me debo a mí,
nadie a mí me lo agradece. 1010
Y pues sé que no desluce
al valor el accidente,
volved a reñir.
FEDERICO Sí haré,
solo para defenderme.
AURISTELA (Dentro.)
Cerrad el bosque, que allí 1015
están caballos y gente.
CASIMIRO Sitiados somos.
FEDERICO ¿Qué haremos?
SIGISMUNDO Dejar el duelo pendiente,
puestos los tres de una banda.
AURISTELA ¿Contra quién es todo ese 1020
-fol. 118rúltimo
esfuerzo, si soy
quien en vuestro alcance viene
a dar un medio, con que
antes que Cristerna llegue
con tanta gente que no 1025
es posible defenderse
cese el empeño?
CASIMIRO ¿Qué trazas?
FEDERICO ¿Qué dispones?
SIGISMUNDO ¿Qué pretendes?
AURISTELA Que Casimiro conmigo
se venga; que yo sé en este 1030
monte, como quien en él
tuvo alojada su gente,
seguro paso a la raya.
Y como él solo se ausente,
contra quien es la ojeriza, 1035
de Cristerna, es evidente
que diciéndola los dos
que ya está en salvo, se temple.
LOS DOS Dice bien.
AURISTELA Vente conmigo.
CASIMIRO A mi pesar te obedece 1040
mi amor; que cumplido el duelo
(pues ser o no ser solemne,
no hace al valor), mejor fuera
morir, si el medio que tiene
el que no se vengue nunca 1045
es perderla para siempre.
(Vanse los dos, y salen CRISTERNA, gente y damas,
y TURÍN.)
CRISTERNA Allí están; llegad, soldados,
y nadie, si se defiende,
quede con vida.
TURÍN La fiesta
será hoy de los inocentes. 1050
FEDERICO Tente, señora, que si es
Casimiro de quien quieres
vengarte, ya no es posible,
pues ya, penetrando el Merque,
habrá llegado a su raya. 1055
Si soy yo, a tus pies me tienes,
cumplida la obligación,
primero de defenderle,
después de reñir con él,
porque escrúpulo no quede, 1060
en su honor y el mío.
SIGISMUNDO Y si yo
soy en quien vengarte emprendes,
aquí estoy; que no se va
quien a la prisión se vuelve.
CRISTERNA Si hubiera, de mis razones, 1065
la cólera que me enciende
satisfacer, no hay
hartas vidas en dos muertes;
y así, para no quedar
mal vengada, es mejor quede 1070
bien quejosa.
(Salen AURISTELA y CASIMIRO.)
CASIMIRO Que has perdido
la senda, Auristela, advierte,
pues en vez de que dél huyas,
hacia el peligro te vuelves.
AURISTELA No he perdido. ¿Qué pensaste, 1075
ingrato, tirano, aleve,
que no habías de pagarme
la libertad que me debes?
CASIMIRO ¿Pues dónde me traes?
AURISTELA A ser...
CASIMIRO Prosigue, ¿qué te suspende? 1080
AURISTELA ... prisionero de Cristerna.
CASIMIRO ¿De qué suerte?
AURISTELA Desta suerte.
Bello prodigio del norte,
alto honor de las mujeres,
que hicieron, sabias y altivas, 1085
tus vitorias y tus leyes.
Corrida de que baldones,
mi silencio, porque llegues
a ver si de tu venganza
mi valor la suya aprende, 1090
a Casimiro, mi hermano,
prisionero es bien te entregue,
donde no es posible ya
de tus armas defenderle
nadie; y porque veas si sé 1095
vengarme antes que te vengues,
mírale puesto a tus plantas.
CASIMIRO Y en ellas es bien que piense,
si tengo de qué quejarme,
o tengo qué agradecerte, 1100
-fol. 118vpues
me das la vida cuando
piensas que me das la muerte.
SIGISMUNDO ¡Quién creyera que Auristela
tan grande traición hiciese!
FEDERICO Vengativa una mujer, 1105
no habrá crueldad que no intente.
TURÍN Si esto tenía guardado
la que calló más prudente,
¿qué hay que fiar de las que hablan?
CRISTERNA ¡Ay de mí, infeliz!, que al verle 1110
segunda vez, del amor
y el odio la duda vuelve.
El empeño que he traído,
a castigarle me mueve;
mi obligación, a ampararle. 1115
¡Quién un medio hallar pudiese
a todo! Mas esto el tiempo
lo ha de hacer. Marche la gente
a la corte.
AURISTELA Antes que marche,
permíteme que te acuerde 1120
que a quien le dé muerto o vivo,
tu mano ofrecida tienes.
CRISTERNA ¿Cómo puedo yo negar
mi homenaje?
AURISTELA Luego viene
a ser mía, pues yo soy 1125
quien te le entrega.
CRISTERNA ¿Quién puede
dudarlo, y más cuando está
tan bien a mis altiveces,
que cumplida mi palabra,
en mi libertad me quede? 1130
AURISTELA Pues si ya tu mano es mía,
¿qué hay para que darla esperes?
CRISTERNA Yo la doy.
AURISTELA Yo la acepto.
TURÍN Mas ¿qué fuera que se viese
acabar una novela, 1135
casándose dos mujeres?
AURISTELA Y supuesto que ya es mía,
sin que nadie serlo niegue,
llega, Casimiro, toma
esta mano.
CRISTERNA ¿A eso te atreves? 1140
AURISTELA Sí, que en tanto es mía una joya,
en cuanto, si bien lo adviertes,
tengo el uso della, y puedo
dársela a quien yo quisiere.
Llega, ¿qué esperas?
CASIMIRO No sé 1145
si me atreva.
AURISTELA ¿Pues qué temes?
CASIMIRO Cobarde llego a tocarla.
CRISTERNA No hay por qué cobarde llegues,
pues no es de quien te la da,
sino es de quien te la adquiere. 1150
Y pues que mis vanidades
se dan a partido, puedes,
Lesbia, borrar de aquel libro
las esenciones. Estese
el mundo como se estaba, 1155
y sepan que las mujeres,
vasallas del hombre nacen,
pues en sus afectos, siempre
que el odio y amor compitan,
es el amor el que vence. 1160
TURÍN Ahora digo, y digo bien,
que son diablos las mujeres.
CASIMIRO Pues porque con más aplauso
aquesta acción se celebre,
Auristela y Sigismundo 1165
se den las manos.
SIGISMUNDO Bien puedes,
segura de que sus celos
fueron engaño aparente,
en orden que Lesbia había
de librarme.
AURISTELA No, no tienes 1170
que disculparte, que una
cosa es que, dama, me queje,
y otra, esposa, desconfíe.
FEDERICO Pues soy quien todo lo pierde,
la dicha siquiera gane 1175
de merecer ofrecerme
por padrino de ambas bodas.
TODOS Diciendo todos que siempre
que el odio y amor compitan,
es el amor el que vence. 1180

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